Textos: extraídos de la exposición «La Sagrada Família, Gaudí y Barcelona. Cien cuarenta y cuatro años de camino compartido / Imágenes: archivo de la Basílica de la Sagrada Familia
Ya se puede ver en los jardines del Palau Robert la exposición «La Sagrada Familia, Gaudí y Barcelona. Ciento cuarenta y cuatro años de camino compartido», una propuesta que explora la relación histórica y simbólica entre el templo de la Sagrada Familia y la ciudad de Barcelona, en el marco de las celebraciones del Año Gaudí. A través de catorce paneles se construye un recorrido cronológico que muestra cómo la Basílica ha crecido acompañando, reflejando y dialogando con los grandes hitos sociales, urbanos y culturales de la ciudad. El resultado es una narrativa visual que nos habla de comunidad, de persistencia y de mirada colectiva.
Repasamos algunas de las fotografías del archivo de la Sagrada Familia que se pueden ver en la exposición, ordenadas cronológicamente
El 19 de marzo de 1882, Día de San José, se coloca la primera piedra del templo en un solar en medio de huertas y caminos de Sant Martí de Provençals, en el actual Eixample. Asisten el Obispo de Barcelona, José María de Urquinaona y Bidot, y el Obispo de Vic, Josep Morgades i Gili, acompañados de varias autoridades de la ciudad. Francisco de Paula del Villar fue el arquitecto inicial del proyecto y, aunque breve, su etapa pone los cimientos de una obra destinada a transformarse profundamente, hasta su dimisión en 1883.


Proyecto de Francisco de Paula del Villar, arquitecto inicial de la Sagrada Familia
El 3 de noviembre de 1883, un joven Antoni Gaudí asume la dirección del proyecto y propone un templo de vocación universal. La capilla de San José, una de las siete que encontramos en el deambulatorio de la cripta, se consagra en 1885. Es el origen de un templo vivo, un espacio recogido, cargado de simbolismo, que adquiere la condición de semilla espiritual y arquitectónica del templo que vendrá.
Mientras la Exposición Universal de 1888 proyecta Barcelona al mundo, el templo surge como reflejo espiritual de una ciudad que sueña y se transforma en capital cultural, social y artística de Cataluña. El 20 de abril de 1897, Barcelona se anexiona por decreto las villas de Sant Martí de Provençals, Sants, Sant Gervasi, Les Corts, Gràcia y Sant Andreu. De repente, la ciudad ganaba 70.000 habitantes y su superficie crecía exponencialmente.


Vista de la capilla de San José en la cripta, 1885 (izquierda) y vista del ábside en 1892 (derecha). Fotos Aleu
A comienzos del siglo XX, Gaudí diseña y construye las Escuelas de la Sagrada Familia, un espacio destinado a la formación de los niños del barrio y de los hijos e hijas de los trabajadores del templo.
En el templo, avanza la fachada del Nacimiento y, en 1925, se alza el campanario dedicado a san Bernabé, la primera torre dedicada a los apóstoles y la única que Gaudí verá completada. Este hito empieza ya a definir la silueta vertical del templo y el perfil de la ciudad.

Edificio de las Escuelas de la Sagrada Familia, un equipamiento destinado a la formación de los niños del barrio e hijos e hijas de los trabajadores del templo, año 1913

El 7 de junio de 1926, Gaudí es atropellado por un tranvía y tres días después, el 10 de junio, muere en el Hospital de la Santa Creu, en el corazón de Ciutat Vella, actual Biblioteca de Cataluña.
El cortejo fúnebre recorre gran parte de Barcelona hasta la Sagrada Familia, entre calles llenas de gente que quiere despedirse de él. Con él termina una etapa, pero comienza su mito. El templo, todavía inacabado, se convierte en un monumento vivo a su legado. Gaudí es enterrado en la capilla de la Virgen del Carmen, en la cripta del templo


«No hay que lamentar que yo no pueda terminar el templo. Yo envejeceré, pero otros vendrán después de mí. Lo que siempre se debe conservar es el espíritu de la obra, pero su vida debe depender de las generaciones que se la transmiten y en las cuales vive y se encarna»
Antoni Gaudí. Adaptacion
En 1930 culminan los cuatro campanarios de la fachada del Nacimiento. Es un momento decisivo: por primera vez, la ciudad puede ver la ambición vertical del proyecto. El templo comienza a apuntar hacia el cielo. En el taller escultórico, vecinos, niños y artesanos del barrio sirven de modelos de la mano del escultor Llorenç Matamala.
Esta fachada es un canto a la luz, a la naturaleza y a la persistencia de un sueño colectivo. En esos mismos años, Barcelona vive una etapa de grandes transformaciones urbanas y de fuerte proyección exterior, marcada por la celebración de la Exposición Internacional de Barcelona de 1929. Entre obras públicas, tensiones sociales y cambios políticos, la ciudad se muestra al mundo como una capital moderna mientras lucha por su identidad.

Visión de los cuatro campanarios de la fachada del Nacimiento terminados, año 1930. Archivo Mas

En 1936, se quema el taller de Gaudí con los planos y maquetas originales, pero el proyecto no desaparece. Los antiguos colaboradores, conscientes del valor de su obra, protegieron los fragmentos conservados. Gracias a este gesto valiente y discreto, y a su posterior dedicación, a menudo desde el anonimato, el sueño de Gaudí sobrevive y se recompone años más tarde. Esta etapa pone en valor la memoria y el cuidado por la transmisión de un legado que se mantiene siempre latente.
En un período marcado por grandes tensiones sociales y políticas, la Sagrada Familia entra en una etapa de silencio; la actividad constructiva se detiene, pero el templo permanece en pie, como símbolo de persistencia.


Almacén de maquetas del taller de Antoni Gaudí en la Sagrada Familia antes del incendio (izquierda). Archivo Mas. Las Escuelas de la Sagrada Familia tomadas por el fuego a causa de los disturbios, 1936 (derecha). Autoría desconocida
Gracias a la dedicación de los discípulos de Gaudí, el templo reanuda progresivamente su construcción. En 1954 se inician las obras de la fachada de la Pasión, que avanzan lentamente pero de manera continuada. En 1976 culminan los cuatro campanarios de esta fachada. Es una etapa marcada por el esfuerzo colectivo que, con recursos limitados, mantiene vivo el legado de Gaudí.


Vista de la fachada de la Pasión, en 1966 (izquierda). Foto Aleu. Cuestación de donativos de la fachada de la Pasión, de 1955 (derecha). Foto Salvador
Con el retorno de la democracia, la Sagrada Familia recupera su impulso constructivo y se inician las obras de las fachadas y las bóvedas de las naves laterales. El Papa Juan Pablo II visita el templo en 1982, que passa a ser símbol d’una ciutat que desperta. Nuevas técnicas modernas y una renovada confianza colectiva definen este momento como un punto de inflexión con el encargo de la realización de los grupos escultóricos de la fachada de la Pasión a Josep Maria Subirachs.
Paralelamente, la ciudad se prepara para una nueva proyección internacional que culmina en octubre de 1986, cuando Barcelona es designada sede de los Juegos Olímpicos de 1992, hito que marcará el inicio de un profundo proceso de modernización y apertura al mundo.
En 2005, la fachada del Nacimiento y la cripta de la Sagrada Familia entran a formar parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO, convirtiendo el templo en un referente arquitectónico universal y un icono inseparable de la nueva ciudad cosmopolita.

En 2010, una vez finalizado el interior del templo, el Papa Benedicto XVI consagra la Basílica y le concede el título de basílica menor, en una celebración de gran repercusión mundial. Ese mismo año, el interior de la Basílica recibe el Premio Ciudad de Barcelona de Arquitectura y Urbanismo, otorgado por el Ayuntamiento de Barcelona.
Igualmente, a partir del año 2010 se comienza a levantar el cimborrio central, con la torre de la Virgen María, los cuatro Evangelistas y la torre de Jesucristo. Las nuevas tecnologías y el aumento de visitantes aportan los recursos necesarios para mantener un ritmo de construcción sostenido.

El Papa Benedicto XVI hace su entrada por la puerta de la Gloria, 2010 (derecha). Agustí Codinachs
Entre los años 2011 y 2020, la Sagrada Familia vive una etapa de intenso progreso. En el 2015 finalizan las obras de la sacristía. Tres años más tarde, en el 2018, se culmina la fachada de la Pasión, con la colocación de la cruz en lo alto del frontón. Igualmente, avanzan los trabajos de las torres de la Virgen María y de los Evangelistas, que comienzan a alzarse y preparan el camino hacia la culminación del conjunto de torres centrales, con la torre de Jesucristo en el centro.

En plena pandemia, el Patronato de la Sagrada Familia decide culminar la torre de la Virgen María. Una decisión tomada en un momento de especial dificultad con la voluntad de transmitir esperanza. La luz de la estrella de la torre ilumina Barcelona como nuevo símbolo de esperanza y de reanudación de una ilusión colectiva.


El Cardenal y Arzobispo de Barcelona, Joan Josep Omella i Omella, bendiciendo la torre de la Virgen María, 2021 (derecha). Pep Daudé. Vista de la construcción de las torres centrales, con la de Jesucristo en el centro rodeada por las torres de los cuatro Evangelistas y la de la Virgen María en el ábside, 2023 (izquierda). Pep Daudé (esquerra).
Después de casi un siglo y medio de camino, la Sagrada Familia y Barcelona continúan avanzando con un destino compartido. El templo, nacido de la fe y del esfuerzo colectivo, y la ciudad, viva y cambiante, comparten un mismo impulso: alzar la mirada hacia el cielo y construir una ciudad desde la confianza.
En un mundo que corre sin detenerse, el templo nos recuerda el valor del esfuerzo y la perseverancia. Su construcción, hecha con las manos de cinco generaciones, es un acto de fe en el tiempo. En contraste con el ritmo acelerado de la vida contemporánea, la Sagrada Familia se configura como un espacio de pausa y recogimiento, concebido para el silencio, la acogida y la contemplación.
La Sagrada Familia y Barcelona, símbolos de una misma manera de hacer, continúan su diálogo. Una obra transmitida de generación en generación, viva más allá del tiempo y de las personas, pero unida por el amor a un mismo propósito.

Vista de la construcción de las torres centrales, con la de Jesucristo en el centro rodeada por las torres de los cuatro Evangelistas y la de la Virgen María en el ábside, 2026. Pep Daudé





