El enmoldado con yeso de objetos, animales o plantas era un recurso que usaban los escultores de la época de Gaudí, pero que disimulaban porque parecía que les restaba mérito. Las vanguardias artísticas caminaban hacia el enaltecimiento del autor y huían de la copia. Sin embargo, Gaudí, al descubrir que los griegos ya utilizaban esta técnica, se sintió reforzado en su utilización y llegó al summum del conocimiento de la técnica con el enmoldado de personas vivas, una técnica que empleó para las esculturas de la fachada del Nacimiento.
Seguramente, las dos principales motivaciones que le llevaron a la práctica de la técnica del enmoldado fueron, por un lado, la búsqueda de expresión de vida, huyendo de la frecuente expresividad muerta de muchas esculturas, lo que entroncaba con el mensaje de fondo de la fachada del Nacimiento, toda ella una explosión de vida. Y, por otro lado, la búsqueda de unidad en el conjunto escultórico de la fachada. Para conseguirlo, los profesionales de los cuales se rodeó Gaudí debieron aceptar humildemente el anonimato y adherirse a su manera de actuar para no dejar ninguna huella personal en la obra, y que así el resultado no fuese una suma de estilos personales diferentes.
DEL ESQUELETO A LOS MODELOS REALES
Para adentrarse en esta técnica, pese a ser ancestral, Gaudí comenzó con el estudio detallado del cuerpo humano, algo imprescindible, para lo que acudió a las aulas de anatomía del hospital para aprender con cadáveres. Con este conocimiento, hacía los esqueletos con alambre y los vestía con una malla metálica muy fina que permitía ser modelada. Convencido ya del gesto y de la posición, después buscaba los modelos reales adecuados y tomaba fotografías de ellos para, finalmente, llevar a cabo el enmoldado. El protagonista debía vestirse con las túnicas pertinentes, o desnudarse si así lo requería la figura representada, y recibía el yeso sobre el cuerpo hasta que se formaba una carcasa rígida. El proceso solamente duraba unos pocos minutos, pero, a pesar de ello, hubo alguno que no resistió a la sensación y se desmayó.
UN HOMENAJE A LA GENTE DEL PUEBLO
Gaudí no se lo puso difícil a la hora de elegir a los que quedarían inmortalizados en la fachada y escogió a la gente que tenía más cerca: peones de obra, feligreses del templo o infantes de la escuela parroquial, en definitiva, gente del humilde barrio del «Poblet» (nombre con el que se conoció al barrio de la Sagrada Familia hasta el siglo XX), que se acercaban siempre llenos de curiosidad y admiración.
Sin embargo, hubo algunas elecciones con historia. Una de ellas fue la de los modelos para los ángeles trompeteros. En aquellos años, el templo estaba rodeado de descampados que, muy a menudo, se utilizaban para maniobras militares. Una vez, unos soldados cornetas estaban tocando sin parar justo en la esquina del templo, bajo el obrador, lo que molestaba mucho a Gaudí, que en aquel momento estaba atendiendo la visita de su amigo y obispo Torras i Bages, y mandó hacerlos callar. Los superiores de los soldados se sintieron ofendidos y subieron a ver quiénes le habían dado tal orden. Al final, fue necesaria la intervención del obispo para calmar la situación, y todo acabó con aquellos tres trompeteros haciendo de modelos para los ángeles que faltaban en la fachada.

RELACIÓN ENTRE EL MODELO SELECCIONADO Y EL PERSONAJE
Gaudí eligió personajes completamente desemejantes: hay desde obispos hasta traperos, de suboficiales a cabreros, mozos de taberna o peones de la obra. Y es que, más que la «belleza plástica», lo que realmente le interesaba era la verdad expresiva de la gente. Gaudí veía en la verdad de la vida el reflejo de la belleza eterna y en cada ser, un trocito de Dios. Por ello, siempre había una cierta relación entre el modelo seleccionado y el personaje que debía representar. De esta manera, los niños de la escuela se convirtieron en ángeles para la cripta y los recién nacidos muertos en el hospital sirvieron de modelos para la matanza de los inocentes; también fue así, buscando esta semejanza en la esencia, como eligió los modelos para las esculturas más importantes de la fachada.
Por ejemplo, para hacer de Virgen María, Gaudí escogió una soltera madura y tan piadosa que quería ir a pie hasta Tierra Santa, pero cuando estaba en Premià de Mar, a veinte kilómetros de Barcelona, dijo «¡Dios mío, qué lejos está!», cogió el tren y se volvió a casa. Para San José,encontró el modelo ideal en un cantero que había faltado a la obra varios días seguidos; cuando fue a verle, se lo encontraron en el suelo sobre un jergón de paja desgarrado, al lado de su mujer que rogaba que se recuperase. Y para el niño Jesús en el pesebre escogió a una recién nacida real de pocos meses: la nieta del escultor y gran amigo suyo, Llorenç Matamala.
Esta relación de semejanza es lo que Gaudí buscó también para el soldado romano de la matanza de los inocentes: va triar un fornit mosso de taverna perquè era de Tarragona, i Gaudí deia que la gent d’allí té faccions que recorden els emperadors i patricis de Roma. A més, resulta que tenia sis dits en un peu, en comptes de cinc, anomalia que va voler deixar visible a través de la sandàlia que calça i que podem relacionar amb una altra anomalia: la de matar els infants.

ENMOLDADO CON ANIMALES
Gaudí no solamente recurrió a los modelos humanos, sino que también utilizó la técnica del enmoldado con animales. De ese modo, los pavos, las gallinas y las ocas eran de una masía vecina. No obstante, el caso más anecdótico es el de burra del grupo escultórico de la huida a Egipto. Para comenzar, le tuvieron que comprar el animal a una vieja vendedora de tierra que pasaba a menudo por estos barrios y que vendía tierra para lavar las vajillas porque no quiso ceder la burra. Sin embargo, el animal no se dejaba enmoldar, así que Gaudí hizo que la izasen sujeta por el vientre; al sentirse suspendida, espantada, se quedó quieta y, entonces, sí que fue enmoldada fácilmente.

Así pues, Gaudí, además de representar en piedra las hierbas y los animalitos del solar y los alrededores, también nos ha dejado una muy buena representación de la gente de uno de los barrios obreros más humildes de aquellos tiempos. Que este artículo sirva, por lo tanto, de recuerdo y pequeño homenaje a todas aquellas personas que se prestaron voluntariamente a construir esta especie de belén viviente, y que, aunque pasen los años, seguirán permanentemente vivas gracias a la obra de Gaudí.