La fundición y la cera perdida

Las puertas de bronce realizadas por Subirachs en la fachada de la Pasión, las colocadas más recientemente en la fachada del Nacimiento y realizadas por Etsuro Sotoo (quien dirige al equipo de escultores del templo) o la corona de bronce que se colocó en marzo del 2016 en el extremo más alto de la cúpula de la sacristía de poniente, son buenos ejemplos de la aplicación de la técnica de fundición a la cera perdida.

Esta última pieza culmina todo el significado simbólico de la cúpula. La sacristía es el lugar en el que se revisten los sacerdotes antes y después de las celebraciones, y Gaudí la concibió teniendo en cuenta dos ideas representativas de la función de los religiosos: por un lado, la visión martirial, de sacrificio ejemplificador y, por el otro, la visión eclesial, como pastores o guías que cuidan y seleccionan la uva de su viña. Por eso es doble la pieza de la corona: en la parte inferior hay una anillo que representa la alianza de Jesús con la humanidad y, justo encima, se encuentra la Corona de la vida, símbolo de la resurrección de los mártires.

Para hacer esta pieza mediante el procedimiento tradicional de la cera perdida, se tuvo que seguir un complejo proceso que incluyó su realización en varias ocasiones y con diversos materiales Este sofisticado sistema busca conseguir una escultura vacía por dentro para ahorrar material y peso.

El punto de partida fue el diseño mediante ordenador, que se convirtió en una maqueta de yeso con la impresora 3D. Después, se elaboró un modelo más denso en polietileno, una especie de corcho blanco con el que se obtuvo una corona desmontada por piezas. Posteriormente, para obtener los moldes, se recubrieron las piezas con silicona, un material elástico que se endurece rápidamente, lo que facilita el desmoldado. A partir de ese momento, se inició el procedimiento de la cera perdida propiamente dicho: se llenaron los moldes de cera líquida, la cual se pega a las paredes formando un grueso diferente según el tiempo que se mantenga dentro; a continuación, se introdujeron los modelos de cera en unos bidones, embebidos en una especie de mortero de material refractario; por último, al calentar los bidones se fundió la cera, que dejó un vacío en el lugar que ocupaba previamente.  Este espacio es el que terminó ocupando el bronce líquido al verterlo dentro de cada bidón.

Podéis ver el proceso de la cera perdida que se siguió para elaborar la corona de bronce de la sacristía en el siguiente vídeo:

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