El módulo de Gaudí, de 7,5 metros, en la Sagrada Familia

Autor: Jaume Serrallonga.

El lector ya sabe que Gaudí no inició ni el proyecto ni las obras de la Sagrada Familia, sino que lo hizo el arquitecto Francisco de Paula del Villar y Lozano. Gaudí se encontró con buena parte de los cimientos finalizados y la cripta comenzada, pero nada más asumir el proyecto realizó algunos cambios nada menospreciables. Después, al estudiar el templo completo, los cambios pasaron a ser mayúsculos.

Entre los primeros cambios, es necesario destacar todo aquello que hace referencia a la cripta: la eliminación de la escalera central de bajada y el cambio del acceso por dos escaleras de caracol laterales, la mejora de la ventilación y la iluminación y un nuevo estilo de capiteles. A partir de ahí, llegó el incremento de medidas en todas las direcciones: la anchura y el largo de la nave y el transepto; la altura, el número de torres, cimborrios y campanarios; el claustro envolvente; los edificios y capillas auxiliares. Sin embargo, uno de los cambios que siempre ha llamado la atención de los visitantes más interesados y observadores, es el porqué de la utilización del módulo de 7,50 metros.

LAS MEDIDAS DEL PROYECTO INICIAL

Las obras de la cripta que Gaudí se encuentra ya comenzadas dejan dos medidas inamovibles a la hora de afrontar el proyecto de la planta principal, justo encima de la cripta:

  1. La medida del diámetro del semicírculo de las columnas, entre ejes de columnas, de 17,40 metros.
  2. La medida del diámetro exterior, el del semicírculo que cierra el deambulatorio y solo deja fuera los espacios de las capillas absidiales, de 30 metros.

Por tanto, la diferencia entre las dos es de unos 6,30 metros por lado, que es la medida de la anchura del deambulatorio. En todos estos números no se encuentra ninguna relación de múltiplos ni divisores, y no se detecta que del Villar utilizase ningún módulo ni medida base.

Con la continuación de esta alineación, el proyecto de del Villar preveía una nave central de 17,40 metros de anchura y una nave lateral de 6,30 metros a cada lado. En cambio, cuando Gaudí continúa el dibujo de la planta no sigue esta alineación y cierra la girola de columnas del presbiterio al aproximarse al crucero, lo que le permite dibujar en planta una especie de arco de herradura. Las columnas frente a las escaleras de caracol, las que continúan el semicírculo, ya se acercan a 17 metros, mientras que las de basalto de san Pablo y san Pedro ya están exactamente a 15 metros de separación, un múltiplo del módulo que busca para ordenar la planta y que posteriormente también ordenará las alturas interiores y exteriores de todo el proyecto: el módulo de 7,5 metros.

Este dibujo en planta con las dimensiones muestra que Gaudí no continúa la alineación natural. El cambio no es casual, se trata de una pequeña ruptura, un gesto con clara intención de búsqueda de una medida concreta.

PERO, ¿POR QUÉ ELIGIÓ PRECISAMENTE LOS 7,5 METROS?

Al dibujar el amplio abanico de posibilidades que Gaudí tenía ante sí, como si fuésemos él mismo en aquellos primeros momentos de reflexión de una selección esencial, hemos visto su elección con total claridad. De hecho, fue entonces cuando, desde la pluridisciplina que le caracteriza, descubrimos un conjunto de argumentos posibles que podrían haber sido influyentes para él a la hora de tomar esta decisión.

1) El orden del trazado geométrico de la planta

El orden del trazado geométrico de la planta podría parecer, de entrada, un planteamiento medieval, gótico, del cual se desmarca Gaudí, superándolo o «perfeccionándolo», como dice él. De hecho, a pesar de que romper la alineación iniciada se podría entender como un desorden, más que como un orden, él, en realidad, busca un nuevo orden con el módulo de 7,5 metros, cuya potencia se capta cuando se percibe como una modulación del templo en las tres dimensiones, la planta y la sección. Por ejemplo, los múltiplos del cuadrado de 15 x 15 metros del crucero, doble módulo, son los que regulan las alturas de todo el proyecto de naves que propone:

  1. Barandilla cantorías: 15 metros (7,5 metros x 2)
  2. Bóvedas naves laterales: 30 metros (7,5 metros x 4)
  3. Bóvedas nave central: 45 metros (7,5 metros x 6)
  4. Bóvedas crucero: 60 metros (7,5 metros x 8)
  5. Punto más alto del ábside: 75 metros (7,5 metros x 10)
  6. Longitud total de la planta: 90 metros (7,5 metros x 12)

De este modo, sobre un total de doce partes será fácil subdividir en medios, tercios o cuartos, proporciones básicas y características en los diseños de Gaudí para el templo.

2) La subdivisión entera de la preexistencia

Gaudí busca el módulo a partir del ya construido para desarrollar una transición que no suponga ruptura, y la preexistencia le ofrece dos posibilidades: escoger como medida básica la anchura total del ábside, de 30 metros (es decir, la medida externa), o quedarse con la medida interior, de 17,40 metros.

Esta última medida, la del semicírculo de columnas que cierra el espacio del presbiterio, el espacio del altar y centro de toda celebración, es una medida importante porque define el espacio, lo delimita. Por tanto, esta medida interna se podría considerar como una medida base, prioritaria o principal. Sin embargo, Gaudí no lo hizo así.

Y es que, si tomaba esta medida interna como base para generar una cuadrícula regular o un entramado bidireccional para ordenar la posición de todas las columnas del templo existían dos posibilidades: repartir el espacio entre dos, con un módulo de 8,70 metros (17,40/2 = 8,70 metros), quizás demasiado grande, o bien, repartirlo entre tres, un módulo quizás demasiado pequeño (5,80 metros).

En cambio, si partía de la medida externa del ábside, la de 30 metros, se le abría un abanico de posibilidades más amplio.

  1. Dividir los 30 metros en tres partes iguales. La nave central sería de 10 metros y las naves laterales también. En este caso, faltaría jerarquía y la nave principal podría resultar demasiado estrecha.
  2. Dividir los 30 metros en cuatro partes iguales. La nave central de 15 metros y las laterales de 7,5 metros. Es la opción seleccionada por Gaudí.
  3. Dividir los 30 metros en cinco partes iguales de 6 metros. De este modo, la nave central podría ser de 18 metros (3 módulos de 6 metros) y las naves laterales de 6 metros cada una, dos por lado. Sin embargo, la nave central resultaría demasiado ancha y las otras dos demasiado estrechas.
  4. Dividir los 30 metros en 6 partes iguales de 5 metros. Así, la nave central podría ser de 20 metros (4 módulos de 5 metros) y las naves laterales de 5 metros cada una, dos por lado. No obstante, la nave principal sería claramente demasiado ancha y, el resto, demasiado estrechas.
  5. Dividir los 30 metros en 7 partes iguales de 4,29 metros. La nave central sería de 3 módulos (12,86 metros), pero habría una cantidad demasiado elevada de naves laterales por lado de 4,29 metros, demasiado estrechas.
  6. Dividir los 30 metros en 7 partes iguales de 4,29 metros. La nave central sería la misma, pero las naves laterales de 2 módulos (8,57 metros), serían quizás demasiado anchas.

A partir de aquí, las opciones se podrían sofisticar, pero cada vez serían menos claras.


Otra preexistencia que se puede considerar también como factor influyente es la medida exterior total del ábside, la que incluye las dos escaleras de caracol y que es de 45 metros. Esta medida encajaba a la perfección con el módulo de 7,5 metros, ya que se trata de un múltiplo común de 30 y de 45.

3) La experiencia estructural en la catedral de Mallorca

Gaudí alcanzó un elevado conocimiento de las catedrales góticas al estudiarlas desde el punto de vista mecánico, con gráficos vectoriales en los que se ve el recorrido de las cargas por los arbotantes y contrafuertes hasta los cimientos. Ocurrió así en el caso del encargo de intervención en la catedral de Palma de Mallorca, que llevó a un estudio exhaustivo; además de la reforma de la nave y el presbiterio, este encargo solicitaba estudiar si la desviación de verticalidad que sufrían las columnas era algo grave que hubiese provocado un colapso.

Gracias al trabajo de Joan Rubió, colaborador de Gaudí experto en los estudios gráficos funiculares desde las obras de los viaductos de Bellesguard y del Park Güell, pudieron declarar que las columnas estaban estabilizadas. Con estos estudios de la catedral de Mallorca vieron los límites del sistema gótico, el cual, en Francia, había ido creciendo en altura hasta el caso extremo de la catedral de Beauvais, que tras alcanzar los 52 metros de altura, perdió estabilidad, lo que supuso la caída de gran parte de la bóveda.

En la secuencia comparativa que realizan Gaudí y Rubió entre Mallorca y otras catedrales, se hace patente que la balear es una de las catedrales más importantes en altura y anchura del gótico conocido y que, por tanto, es lógico pensar que Gaudí advirtiese, con aquel profundo estudio estructural, la proximidad a este límite. Mallorca tiene una nave central de 12 metros de anchura y 44 metros de altura, y unas naves laterales de 33 metros de altura; observad, por lo tanto, cómo Gaudí ajusta para la Sagrada Familia estas dimensiones aprendidas en Mallorca a los múltiplos de 7,5 metros (15 x 45 metros de anchura y de altura en la nave central y 30 metros de altura en los laterales).

4) El simbolismo de los números

Si tenemos en cuenta que, cuando se analiza en profundidad todo lo que diseña Gaudí, siempre se encuentran múltiples lecturas que acostumbran a encajar y a mostrar el todo en uno (geometría, mecánica y simbología), en este caso también hemos pensado que podría haber algún motivo simbólico en la selección del número 7,5. Dentro de la simbología profana, pero también dentro de la simbología cristiana, los números tienen un significado simbólico asociado: el 3, la Trinidad; el 4, el orden terrenal; el 12, el todo, etc. Gaudí, al escoger el 7,5, justo entre el 7 y el 8, quizás busca proyectar la carga simbólica de ambos. En algunas religiones se considera que el 7 representa el bien y, el 8, el mal; de este modo, el 7,5 quedaría entre, o por encima de, el bien y el mal. El 7 es un número muy recurrente en la simbología: tenemos 7 días de la semana o de la creación, 7 planetas, 7 santos sacramentos, 7 frases de Jesucristo en la cruz, 7 pecados capitales, 7 dones del Espíritu Santo, 7 actos de misericordia… Y también 7 colores en el arcoíris, 7 metales prehistóricos, 7 notas musicales, 7 escalas del piano o 7 sabios de la antigua Grecia.

Acerca del 8 podemos decir, por un lado, que a menudo se asocia con la resurrección por la forma octogonal de la planta del templo del Santo Sepulcro y, por otro, que se asocia con el bautismo, por lo cual muchos baptisterios y pilas bautismales tienen forma octogonal. El contacto entre el bautismo y la resurrección, principio y final, alfa y omega, también otorga al número 8 la asociación con la idea del infinito, por lo que también se representa el infinito con un número 8 acostado. El 8 queda representado por las serpientes que se enroscan alrededor del antiguo caduceo, equilibrio de fuerzas antagónicas que después ha pasado a ser símbolo de la alquimia, de la farmacia o de los laboratorios. La serpiente que se muerde la cola dibuja el símbolo del 8 infinito, la forma matemática de la lemniscata.

Además, el 8 es el número que representa el oxígeno. En el sistema de medidas anglosajón, 8 onzas hacen una taza, 8 pintas un galón, 8 estadios una milla. El 8 es el cubo de 2 (23=8) y, asimismo, está dentro de la secuencia de Fibonacci (1, 2, 3, 5, 8, 13…). En la tecnología digital actual, el 8 tiene una importancia enorme, ya que toda la información se almacena en paquetes de 8 bytes. Existen también diversas peculiaridades añadidas: el 8 es el número de la buena suerte en China, la rosa de los vientos tiene 8 vientos, muchas estrellas se han dibujado siempre con 8 puntas y los templarios dibujaban su cruz a partir de la intersección del octágono con los círculos.

Es decir, desde este nuevo punto de vista, Gaudí también podría haber encontrado en el 7,5 un refuerzo a su selección para la suma de los símbolos de la obra bien hecha de la creación y la idea del infinito, del principio y el final del universo.

Por lo tanto, visto en conjunto, desde la visión geométrica, la simbólica, la lógica estructural y, también, desde la funcionalidad, que requiere la máxima anchura de la nave central, parece que queda claro que la elección de Gaudí fue la más lógica y sensata dentro de las posibilidades y limitaciones que establece la estructura inicial.

Que cada cual se quede con el argumento que más le convenza.

Jaume Serrallonga
Doctor en Arquitectura por la Universidad Politécnica de Cataluña con la tesis doctoral Geometría y mecánica en los modelos de Gaudí. Es miembro del Departamento de Proyecto de la Sagrada Familia y ha sido profesor en diferentes universidades.
En la Basílica, entre otras cosas, ha sido el encargado de los proyectos de las bóvedas del ábside y de la sacristía de Pasión. Después de trabajar en el gran hiperboloide de la torre de la Virgen María y en el núcleo de la torre de Jesucristo, actualmente lo hace en el proyecto de la fachada de la Gloria.

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