¿Cómo es un día en la obra de la Sagrada Familia?

El 13 de junio es la festividad de san Antonio de Padua, patrón de la construcción. Es un día festivo en el calendario laboral del sector, a pesar de que en la Sagrada Familia se desplaza al lunes siguiente, de manera que este año lo celebramos el día 18 de junio. Con motivo de este día, hemos querido explicaros cómo es una jornada en la obra y cómo se trabaja para hacer posible el sueño de Gaudí.

 

7:30: ARRANCA EL DÍA ANTES DE QUE LA GENTE LLEGUE

Para ponerlo todo en marcha, una de las cosas más importantes es que la grúa principal funcione. Por eso, los tres gruistas Llegan al templo, como mínimo, media hora antes que el resto de compañeros: a las siete y media de la mañana. Para subir a pie hasta lo más alto de la grúa son necesarios unos 25 minutos, ya que a aquella hora todavía no funciona ninguno de los montacargas de obra.

Estos se ponen en funcionamiento a las ocho de la mañana; entonces comienzan su trabajo el resto trabajadores, desde los albañiles hasta los carpinteros, herreros, canteros o modelistas. Algunos vienen del propio barrio, de muy cerca. Otros, sin embargo, vienen cada día desde mucho más lejos: de Castellterçol, Manresa, o, incluso, desde Berga, a cien kilómetros de Barcelona. Los previsibles problemas cotidianos de tráfico les obligan a madrugar y tomarse el viaje con el tiempo suficiente.

LOS HORARIOS: EVITANDO LAS MOLESTIAS A LOS VECINOS

Hace un tiempo, la Sagrada Familia pactó con el Ayuntamiento de la ciudad una serie de medidas para mejorar las relaciones con los vecinos, entre las cuales se encontraba la cuestión de los horarios. De este modo, las sirenas de trabajo de entrada y salida se escuchan ahora más tarde que antes.

Los horarios durante los que el templo está abierto al público representan un esfuerzo importante para las obras del templo, ya que reducen bastante la franja de tiempo para trabajar sin visitantes. Solo queda una hora por la mañana, de 8:00 a 9:00 (y una por la tarde en verano, de 20:00 a 21:00), para poder realizar maniobras complicadas que, por el riesgo que conllevan, conviene hacer fuera del horario de apertura a los visitantes, eso sí, siempre respetando el horario pactado para evitar ruidos en el vecindario.

Por la mañana se realiza una parada corta de 20 minutos para desayunar. Es un clásico irrenunciable del mundo de la construcción y tiene lugar entre las 9:30 y las 9:50. Al mediodía hay otra pausa para comer, en este caso de una hora, que se hace en dos turnos para que la obra no pare. La jornada finaliza a las 18:00, aunque siempre hay quien se alarga todavía un poco más.

 

LUNES: EL DÍA PARA PLANIFICAR EL TRABAJO

Para comenzar la semana, cada lunes se hace una reunión de obra, en la que se coordinan tanto los temas de construcción como los de seguridad. Es necesario tener en cuenta que la obra está viva, y los andamios, las escaleras o los accesos van cambiando de lugar, de manera que hay que estar permanentemente bien informado.

En la organización del trabajo se establecen las prioridades y se reparten las tareas a realizar de manera semanal según las fechas acordadas, el presupuesto y los recursos humanos y materiales disponibles. Ahora, el principal frente de la obra es el levantamiento de las torres centrales, puesto que hay diversos equipos trabajando en cada una de ellas. También hay otros frentes de la obra en altura, como el cimacio de Pasión o la restauración de los terminales; el otro gran grueso de labores, entre las cuales se encuentra la colocación del pavimento nuevo en el plano del templo, se realiza a nivel de calle.

HOMBRES DEL TIEMPO

Una de las cosas que más puede afectar al ritmo de la obra es la meteorología. Y es que, cuanto más avanza la obra en altura, más se nota su influencia. De hecho, a nivel de calle puede que no notemos que hace mucho aire, pero allí arriba la exposición es mucho más elevada: no hay nada que frene el viento y es mucho más intenso. Esto es muy peligroso, y resulta especialmente incompatible con el trabajo en la grúa, tan necesaria para todo. Por ejemplo, cuando se mueve una carga de peso y superficie considerable, como un panel de las torres, el viento puede hacerla rotar o pendular, y cuando baja hacia la ubicación en la que los trabajadores deben recibirla y corregir su orientación y posición, la inercia de un movimiento de péndulo o rotación a causa del viento podría ser fatal. Por este motivo, las grúas tienen orden de detenerse cuando el viento llega a los 50 km/h de velocidad. La duda aparece cuando es necesario iniciar un trabajo y el viento está un poco por debajo de este valor, ya que, si a media tarea comenzasen las rachas de viento, se iniciaría el peligro. Así, los trabajadores del templo se han convertido en auténticos hombres del tiempo y van mirando los equipos técnicos de los que disponemos en el templo, pero también al cielo, porque se fían más de cómo lo ven ellos mismos que de las a menudo discordantes informaciones meteorológicas que buscamos con las aplicaciones del móvil.

Aparte del viento, también la niebla, la lluvia o incluso la nieve pueden alterar de manera muy significativa un día de trabajo en la Sagrada Familia. Puede ser precioso ver el alba cada día desde las alturas, pero la realidad es que el clima puede resultar muy extremo y condiciona mucho el trabajo del día a día: mucho calor en verano y mucho frío en invierno, a pesar de que puede ser divertido llegar a hacer, alguna vez, un muñeco de nieve con los pináculos de fondo.

LA HORA DE CERRAR

Antes de llegar al final de la jornada, es necesario dejar cada cosa en su sitio. El orden es muy importante, ya que una ventisca inesperada fuera del horario de trabajo se podría llevar por delante cualquier cosa que no se hubiese atado o recogido. Por ejemplo, las cuerdas que utilizan los escaladores, de las cuales cuelga su vida cada día, no pueden quedar a la intemperie, y por eso se dispone de baúles y de armarios que se cierran con llave y de barracones a diferentes alturas. Como el orden, la limpieza también es necesaria e imprescindible. Es necesario dejar las herramientas limpias, como, por ejemplo, el tanque de la hormigonera, que debe quedar impoluto después de utilizarla. De lo contrario, el hormigón cargado de impurezas no llegaría a la cota de calidad y resistencia que estamos acostumbrados a conseguir. Son las últimas tareas, pero no por eso las menos importantes, que se realizan cada día en esta obra; que no es una cualquiera, sino la obra magna de Gaudí.

Comentarios

  1. Felicitaciones a todos los trabajadores que dia a dia estan llevando a cabo esta magna obra segun el proyecto, fruto de la sabiduria y el arte, del genio del gran Antoni Gaudi.

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