Torres campanario y torres centrales: diferentes usos, diferentes diseños

Cuando explicamos el proyecto de la Sagrada Familia, a menudo decimos que tendrá dieciocho torres, metiendo en el mismo saco de este cómputo a las torres de las fachadas y a las del centro del templo. No obstante, si bien es cierto que este es el número de torres que previó Gaudí, también lo es que hay una diferencia muy importante entre la forma y la utilidad de unas y otras.

Por lo tanto, para distinguirlas, para las torres de las fachadas hablamos de torres campanario, mientras que en el caso de las torres centrales hablamos de cimborrios.

 

LOS CAMPANARIOS: DE LOS USOS CIVILES A LOS RELIGIOSOS

La palabra campanario no deja lugar a dudas y queda claro que hace referencia a un contenedor de campanas. A pesar de que estas podrían asociarse a un reloj y al toque de las horas, normalmente las iglesias las utilizan también con una función comunicativa. Aunque estos conocimientos se hayan perdido en la actualidad, el pueblo sabía interpretar el sonido de las campanas y distinguía, por ejemplo, cuando llamaban a misa, avisaban de algún peligro o anunciaban los fallecimientos. De este modo, el campanario ligado a la iglesia se vuelve mucho más común que el campanario «civil».

Las grandes catedrales tienen normalmente una torre campanario o, a veces dos, a ambos lados de la fachada principal. Entonces, ¿por qué Gaudí pone doce, seis veces más?

 

LOS APÓSTOLES Y LAS TORRES CAMPANARIO

En el caso de la Sagrada Familia, Gaudí relaciona los campanarios con los doce apóstoles, y, por ello, coloca cuatro en cada una de las tres fachadas. Los campanarios van creciendo en altura, desde la fachada del Nacimiento, pasando por la de la Pasión y hasta la de la Gloria, siempre en grupos de cuatro, de manera simétrica y creciendo hacia el centro, ya que no todos los apóstoles tienen la misma importancia.

De hecho, entre los doce apóstoles hay dos que se convirtieron en evangelistas, Juan y Mateo, a los cuales Gaudí les dedicará una torre más central, aún más alta que las de las fachadas.

Por lo tanto, si descontamos estos dos evangelistas y el discípulo traidor, quedan tres plazas vacantes para cubrir el número simbólico de doce, que Gaudí redondea incluyendo a Matías, que, según el texto de los Hechos de los Apóstoles del Nuevo Testamento, cubrió la vacante de Judas, y a Bernabé, que según este mismo documento fue un discípulo muy vinculado a la comunidad que formaban los apóstoles. Gaudí escoge a ambos para las torres más bajas de la fachada del Nacimiento. La última vacante la cubre con Pablo apóstol, que no conoció directamente a Jesús, pero que fue el que más epístolas escribió, creando doctrina. Era un soldado romano perseguidor de los cristianos que se convirtió al tener una visión de Cristo que le hizo caerse del caballo. «¿Pablo, por qué me persigues?», le dijo la visión. Pablo se convirtió en un apóstol tan importante que Gaudí le sitúa flanqueando la entrada principal, junto con Pedro, el considerado primer obispo de Roma.

 

CIMBORRIOS: LA ENTRADA DE LUZ CENITAL 

La palabra cimborrio, en cambio, puede que sea más desconocida. Se refiere a un elemento arquitectónico que da altura al espacio central inferior de un templo y, al mismo tiempo, facilita la entrada de luz cenital a través de los ventanales que contiene. Normalmente se sitúan en el cruce de la nave principal con el transepto. Por este motivo, dotar al corazón del templo de luz cenital es un hecho no solamente simbólico, sino que también resulta de la necesidad de iluminar mejor esta parte del templo que quedaría más oscura al estar más lejos de las fachadas en las que normalmente hay ventanas.

Acostumbran a tener la planta octogonal, ya que el octógono es una figura de transición entre el cuadrado y el círculo, las dos figuras geométricas ya presentes donde se sitúa: la intersección de los dos rectángulos que forman la planta en cruz da como resultado un cuadrado, y las cúpulas semiesféricas a menudo tienen un círculo como base.

Habitualmente, en las catedrales hay solo un cimborrio, situado sobre el crucero, pero en la Sagrada Familia Gaudí vuelve a multiplicar este número por seis. Por lo tanto, la Basílica tiene seis cimborrios centrales.

 

 

ABAT-SONS: LO QUE MARCA LA DIFERENCIA

Muchos campanarios disponían en las aberturas unas piezas de madera inclinadas que servían para enfocar el sonido hacia abajo, que en Francia se llamaban abat-sons. Como la forma sigue la función, en la Sagrada Familia estas piezas pasan a ser de piedra, y su presencia es tal que son las que caracterizan las torres de la Sagrada Familia en su imagen más reconocida. Son estas viejas torres las que se convertirán en campanarios para que se complete el templo y pueda oírse su voz, como solía decir Gaudí refiriéndose al sonido de las campanas, voz producida por un carillón y no por una grabación de este instrumento, como ocurre actualmente.

Estos abat-sons son, por lo tanto, la gran diferencia entre unas torres y otras: las torres campanario los tienen, mientras que las centrales no.

Esto da como resultado que los cimborrios centrales no tengan la fisionomía conocida de las torres actuales. Los cimborrios son captadores de luz y enaltecedores del templo, y Gaudí ya dijo que para hacerlos hacía falta tomar el modelo de las cúpulas de la sacristía, definidas con una maqueta de gran detalle que realizó él mismo. De este modo, en vez de los tornavoces, tendrán ventanas triangulares, mucho más alargadas, eso sí, que en la sacristía, ya que son el resultado de un importantísimo estiramiento vertical para alcanzar las alturas definidas en los diversos perfiles del proyecto que dibujaron el mismo Gaudí y sus colaboradores.

Comentarios

  1. Vaya, ahora todo tiene sentido. Estoy fascinado con este artículo; desconocía el porque eran diferentes los diseños de las torres. Excelente trabajo que están haciendo; saludos desde México.

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