¿De qué hablamos cuando hablamos de piedra tesada?

Tesar significa dar tensión, es decir, tensar, atirantar. Pero, ¿cómo se puede tensar una piedra?

Lo que se hace es atirantar un cable que pasa por dentro de esta. Este cable, que por la tensión recibida se estira y se alarga algunos centímetros, tenderá a recuperar su longitud, acortándose. Pero, si en cada extremo del cable hay una pieza metálica que bloquea este movimiento, la piedra se verá comprimida entre los dos extremos metálicos que intentan acercarse mutuamente.

De este modo, en realidad, cuando hablamos de piedra tesada nos estamos refiriendo a piedra comprimida con cables tesados.

 

UNA CUESTIÓN LINGÜÍSTICA

La nueva tecnología utilizada en la construcción de las torres centrales de la Sagrada Familia nos ha llevado a utilizar términos nuevos, extraídos de términos ya habituales en el mundo de la construcción. De esta manera, ya existían los términos «pretesado» o «postesado», los cuales hacen referencia a diferentes tecnologías para armar el hormigón con barras activas de acero, es decir, barras que, al tesarse, transmiten al hormigón un esfuerzo de compresión. El hormigón es un material que se coloca en la obra en estado semilíquido y, por lo tanto, necesita un molde en el que tomar forma tras el tiempo necesario para endurecerse. Este proceso se conoce como fraguado. Por esta razón, los prefijos «pre-» y «pos-» hacen referencia, en las palabras pretesado y postesado, al momento en el que se da tensión a las armaduras de acero con respecto a la fase del fraguado, es decir, antes de que comience el endurecimiento o después.

 

 

En el caso del pretesado, muy frecuente en viguetas para techos de chalets y pequeñas construcciones, los cables se colocan dentro del molde de la vigueta, como vemos en la imagen de la izquierda, y se tensan antes de verter el hormigón. Hasta que este no se endurece no se dejan ir de los extremos. En ese momento, el cable querrá recuperar su posición y longitud original, y en este intento de retorno imprimirá en el hormigón un esfuerzo de compresión por rozamiento a lo largo de toda su superficie de contacto. El resultado es una vigueta más resistente y, si estos cables están situados en la parte baja de la pieza, la vigueta se curvará un poco, hacia arriba, como ilustra la imagen central, creando una forma de contraflecha. Cuando esta vigueta ligeramente arqueada esté en su lugar soportando las cargas previstas, podrá resistir más que si fuese perfectamente recta, ya que antes de deformarse hacia abajo, primero podrá deformarse hasta perder toda la contraflecha inicial.

En el caso del postesado, usual en obras de mucha más envergadura, como los puentes de autopistas, la técnica es muy diferente. Dentro del molde de la pieza no se pone el acero directamente, sino una especie de funda en una posición que sigue las líneas internas que dibujan los esfuerzos: más arriba en los extremos en los que apoya la pieza y más abajo en la zona central, donde conviene una contraflecha, como se ve en la tercera imagen. Cuando el hormigón ya está endurecido, se coloca un cable por el interior de estas fundas y se tesa, impidiendo que se mueva mediante unos topes en los extremos: las cabezas de tesado.

Por todo esto, cuando hablamos en la Sagrada Familia de los paneles de piedra con cables tesados utilizamos el término «piedra tesada», y no los adjetivos más conocidos, «pretesada» o «postesada», ya que en la piedra no existe ningún proceso de endurecimiento.
 

 

TRASLADAR UN CONJUNTO DE PIEDRAS COMO UN BLOQUE RÍGIDO

Para entender el funcionamiento de los paneles de piedra tesada ideados para las torres centrales de la Basílica, la imagen del traslado de una pila de libros resulta muy ilustrativa. Si la presión que ejercemos con las manos es lo suficientemente alta, podremos mover todos los libros de una vez y, aunque no estén pegados unos a otros, no se caerán, y los podremos trasladar como un bloque rígido. En este caso, la fuerza de la gravedad, vertical, es la que intenta hacer caer los libros, y la fuerza que ejercemos nosotros, horizontal, es la resistencia a la caída.

 

 

Si giramos este concepto 90o, resulta más evidente el paralelismo con los paneles. La fuerza del viento, horizontal, es la que intenta deformar los paneles, y la fuerza de los tensores, vertical, nos permite resistir la del viento.

Además, poder trasladar un panel de una vez, como un bloque rígido, supone muchas ventajas implícitas. En primer lugar, facilita el premontaje y, por lo tanto, el trabajo a pie de obra, siempre más seguro que el trabajo en altura. En segundo lugar, facilita la revisión técnica de las tareas, como el ensayo de impermeabilización de las juntas de la carpintería, ya que así también son más accesibles. En tercer lugar, facilita la programación de los trabajos, pues los paneles finalizados se pueden almacenar en stock y, de este modo, regular el ritmo de la obra y el de la producción. Por último, pero no por ello menos importante, con los paneles resulta muy visible el avance de la obra en la Sagrada Familia. El hecho de que todo se pueda preparar antes hace que después, con la colocación de las piezas en el templo, los ciudadanos vean que todo avanza de un modo mucho más rápido, con un ritmo trepidante que permite confiar en que en el 2026 se finalizará la construcción.
 

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