La influencia de la naturaleza en la Sagrada Familia: tres ejemplos

El próximo 20 de marzo empieza la primavera, la estación en la que la naturaleza vuelve a la vida desde el letargo invernal y se muestra en todo su esplendor. Gaudí encontró en la naturaleza una gran fuente de inspiración, y esta influencia seguramente estuvo condicionada por el hecho de que, de pequeño, sufrió unas enfermedades reumáticas que le obligaron a pasar largas temporadas en una masía campestre que tenía la familia en Riudoms (Tarragona); también por la influencia de la corriente modernista que caracterizó las manifestaciones culturales y artísticas de finales del siglo XIX, en las que eran comunes las formas curvilíneas, propias de la naturaleza.

De esta manera, según Gaudí, el gran libro que había que esforzarse en leer era el de la naturaleza. Y la clave diferencial de su propuesta es, precisamente, la de este esfuerzo por tratar de entenderla con el objetivo de aplicar sus características a su arquitectura. Por este motivo, llegó a defender que los arquitectos del futuro se basarían en la imitación de la naturaleza: «Es el método más racional, duradero y económico», dijo. Esta influencia, en cualquier caso, está relacionada con la otra fuente de inspiración de su obra: el mensaje cristiano. Y es que ambas eran muestra de su convencimiento de que la obra del Creador era inigualable.

Pero, ¿cómo se ve esta influencia de la naturaleza en la Sagrada Familia, la culminación de toda la obra de Gaudí? De entrada, hay relaciones con el reino inerte de los minerales. De este modo, la geometría de los terminales de las torres del templo nos ofrece pirámides, planos y aristas, así como intersecciones de poliedros diferentes con una esfera, lo que nos puede recordar a las cristalizaciones que experimentan algunos minerales como la pirita. Pero, sin duda, es mucho más frecuente encontrar relaciones con formas con vida, especialmente vegetales. Veamos, pues, tres ejemplos de la influencia de la naturaleza en la arquitectura de la Sagrada Familia.

 

1. LA COLUMNA DE DOBLE GIRO, EL GIRO DE LA RAMA DEL BALADRE

Uno de los ejemplos más importantes de la influencia de la naturaleza en la arquitectura de la Basílica se encuentra en una de las principales creaciones de Gaudí: la columna de doble giro, presente en el interior del templo. En la naturaleza, esta forma geométrica de doble giro se puede encontrar en algunas especies vegetales, como el baladre (Nerium oleander) o la abelia (Abelia chinensis). En ellas, las hojas salen de la tija por niveles con tres hojas en cada uno de ellos. Estas buscan la luz del sol orientándose hacia el espacio que dejan libre las hojas del nivel superior. De esta manera, el núcleo de savia del interior de la rama que sube recubierto de la corteza protectora va girando helicoidalmente para alimentar las hojas de cada nivel. De hecho, si se secciona la rama se pueden ver dos de las formas geométricas que hay tras la columna de doble giro del templo: el triángulo equilátero y el hexágono. Este último se forma al girar un triángulo equilátero según las leyes de esta columna.

 

2. LAS COLUMNAS DEL PORCHE DE PASIÓN, LA BASE ENSANCHADA DEL TRONCO DE LAS SECUOYAS

En América Central hay unos árboles de grandes dimensiones, las ceibas (Ceiba pentandra), que ensanchan su base con unas raíces tabulares, cosa que les permite mejorar su equilibrio. Se trata del mismo sistema de las enormes secuoyas  (Sequoiadendron giganteum) características del norte de California, en cuyas bases también podemos ver un ensanchamiento del tronco con nervaduras que permite que cada una de ellas enlace con las diferentes raíces del árbol que se adentran en el subsuelo. Esto es exactamente lo que diseña Gaudí para mejorar el soporte de las columnas inclinadas del porche de la fachada de la Pasión, en las que las bases son mucho más amplias que el cuerpo, cosa que ayuda a mejorar el apoyo y la transmisión de los esfuerzos inclinados hacia los cimientos.

 

3. LAS CUBIERTAS DE LAS ESCUELAS, LA ONDULACIÓN DE LAS HOJAS DE MAGNOLIA

A la hora de plantear un sistema de drenaje de agua en las cubiertas de las escuelas de la Sagrada Familia, Gaudí no recurre a la doble cubierta con tabiquillos conejeros, como era habitual en los tejados tradicionales de la época, ni tampoco utiliza grandes armaduras o estructuras triangulares para salvar la dimensión de las aulas; de hecho, simplemente ondula el tejado. Es más, lo hace de manera que va alternando los puntos más altos de las ondulaciones en las diferentes fachadas. Así, cuando a un lado encontramos el punto más alto, en el opuesto encontramos el más bajo. Esta misma relación se puede ver en muchos elementos vegetales que, de manera similar, evacuan el agua con superficies inclinadas. Es el caso, por ejemplo, de las hojas de magnolia (Magnolia grandiflora), que tienen los márgenes ondulados para facilitar la expulsión del agua en caso de lluvia.

 

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