Los nuevos bancos de la Basílica: así ha sido el proceso de creación

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Gaudí, como bien sabemos, no solo proyectaba edificios, sino que, en muchos casos, también se implicaba en el mobiliario de su interior mediante su diseño. En el caso de la Sagrada Familia, realizó dos modelos de bancos diferentes para la cripta. Uno de ellos, destinado a toda la zona central, se caracteriza por tener el respaldo móvil, lo cual permitía moverlo para sentarse mirando hacia la capilla central del ábside o hacia la capilla de san José, el santo a quien la asociación promotora de las obras rendía gran devoción, y que está justo al otro lado. El otro, pensado para las zonas laterales de la cripta, lo diseñó Gaudí para ser un banco fijo, es decir, sin respaldo móvil, y se caracteriza por tener unos laterales altos que se alzaban formando una punta triangular.

Tras el Concilio Vaticano II, estos bancos se modificaron para adaptarlos a la apertura de la nueva liturgia y, entre otros cambios, se suprimió esta especie de orejeras laterales, lo cual permitió mejorar la visibilidad del altar. Todos estos bancos tenían una estructura metálica de apoyo hecha a base de perfiles en T y eran de roble barnizado, aunque llegaron a nuestros días con un color muy oscuro.

La celebración inaugural del templo en el 2010 obligó a dotarlo de bancos. De este modo, se optó por seguir la línea de lo que hacía Gaudí y se tomó como muestra este último modelo de banco de la cripta. Se hicieron en madera de haya, una madera mucho más clara, limpia y luminosa. Sin embargo, siete años después, y mientras afrontamos los últimos detalles del interior del templo, hemos comenzado también a poner unos bancos nuevos y, ahora sí, definitivos.

LA COMODIDAD: OBJETIVO PRINCIPAL

Como las celebraciones en la Basílica acostumbran a ser de más duración que en la mayoría de misas parroquiales, el tema de la comodidad como funcionalidad principal del banco fue un elemento determinante a la hora de pensar en su diseño. Al mismo tiempo, se apostó por dotar a la Basílica de un banco propio, de acuerdo con la estética de la nueva arquitectura de las naves, y no tanto de la línea neogótica que corresponde a la cripta. De esta manera, se inició un estudio que comprendió también el banco que Gaudí diseñó para la Colonia Güell, con el que comparte el esquema de funcionamiento y los materiales: la estructura es de hierro forjado, y las partes en contacto con el cuerpo son de madera, de tacto más cálido.

Asimismo, se ha querido volver al roble, como madera original del mobiliario de Gaudí, pero con un barnizado natural para no oscurecer los bancos. También se ha insistido mucho en conseguir que fuesen realmente más ergonómicos, es decir, más cómodos. En este sentido, otros bancos más modernos y comunes actualmente en diversas iglesias y en el Seminario de Barcelona también han sido una referencia durante el proceso de diseño y de ellos se ha extraído la altura y profundidad del asiento y la inclinación del respaldo, pero la silueta y los contornos, más rectos, con aristas más angulosas, acostumbran a ser incómodos en la zona de los riñones o detrás de las rodillas. De esta manera, con el nuevo diseño de los bancos de la Sagrada Familia se han redondeado todos estos bordes.

Cada uno de los nuevos bancos es una pieza de 4,50 metros de largo, prevista para ocho personas, aunque en caso de necesitarse más espacio pueden caber hasta diez, y no habría ni patas ni aristas que molesten a los que queden desplazados. Cada banco pesa unos 180 kg, lo cual hace que resulte prácticamente imposible volcarlos o moverlos y ha obligado a diseñar un aplique para poder desplazarlos en caso de ser necesario. Todo se ha pensado, hasta el detalle del gancho para colgar las bolsas.

Las formas del banco agrupan las ocho plazas de dos en dos, de manera que el respaldo forma como una especie de onda suave que rompe la monotonía excesiva que provoca la presencia del banco multiplicada por tantas hileras seguidas. Este respaldo, hecho con un paraboloide que redondea la arista, no solo lo pone en concordancia con la arquitectura del templo, sino que tiene la parte funcional de evitar que los codos de quien se sienta detrás no molesten a quien se sienta delante.

De este modo, los bancos de la Sagrada Familia han surgido de una especie de síntesis de los bancos de Gaudí para la cripta del templo y de los de la Colonia Güell, pero, en cualquier caso, una de las cosas que más los caracteriza es el reclinatorio plegable que, desplegado, facilita la oración en posición arrodillada y, plegado, facilita el paso entre bancos en actos no religiosos. El reclinatorio de la primera hilera, al quedar como una pieza exenta, se ha diseñado con toda su singularidad, incorporando en forja el anagrama JMJ de la Sagrada Familia, extraído del baldaquín original de la cripta.

Podéis ver en este vídeo cuál ha sido el proceso de diseño y de producción que se ha seguido para dotar a la Basílica de unos bancos singulares y definitivos.

 

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