¿Por qué hay un laberinto en la entrada de la Sagrada Familia?

Los laberintos son conocidos desde la prehistoria y también en la mayoría de culturas antiguas. Se llevaban en amuletos o se grababan en piedra para alejar a los malos espíritus, ya que se pensaba que estos se perderían sin encontrar a la víctima. Por todo el mundo, además, hay muchas iglesias que tienen un laberinto dibujado en la entrada. Algunas veces se encuentra en un rincón de la pared, como una cenefa que se puede recorrer con el dedo de la mano; otras, es un gran laberinto dibujado en el pavimento, como ocurre en las catedrales de Chartres o de Amiens. En la Sagrada Familia, el escultor Josep Maria Subirachs también puso uno en la fachada de la Pasión. Pero, ¿por qué hay laberintos en las iglesias? Durante la Edad Media, estos elementos simbolizaban el difícil camino, lleno de penitencias y sacrificios, que había que recorrer para acercarse a Dios, simbolizado en el centro del laberinto. De este modo, son una metáfora del viaje de la vida, en el que lo que importa no es el destino, sino disfrutar del trayecto y del conocimiento que, cuando es auténtico, está lleno de sacrificios previos.

DOS TIPOS DE LABERINTOS

Existen dos tipos de laberintos: los unicursales y los multicursales. Los primeros presentan un recorrido único y generalmente se trata de llegar a un punto central; la salida suele ser el recorrido inverso. Por lo tanto, si siempre se va hacia delante, es imposible perderse. Hasta el siglo XV, casi todos los laberintos que existían eran de este tipo.

En cambio, desde el Renacimiento, en los jardines de la élite aparecieron los laberintos multicursales, formados por setos altos que impedían ver el entorno, y que facilitaban, no solamente el entretenimiento de los nobles, sino también los encuentros amorosos en sus rincones. Por este motivo, el laberinto pasó a verse como un lugar en el que el hombre se podía perder en el pecado, y se eliminaron muchos de los que hasta entonces había en las iglesias.

EL LABERINTO DE SUBIRACHS

Subirachs tiene una escultura titulada Laberint II, del año 1993. Es una fecha muy cercana a cuando hacía el laberinto para la Sagrada Familia, que está situado detrás de la escultura de la negación de Pedro, también colocada en 1993.

Imagen cedida por el Espai Subirachs

Al darle una primera ojeada se podría pensar que son la misma obra, o que una es el estudio previo de la otra, ya que la semejanza es evidente. Pero, al seguir el recorrido, uno se da cuenta de que son diferentes. La pequeña escultura de madera policromada, que se puede ver expuesta en el Espai Subirachs, en el barrio de Poblenou de Barcelona, es un laberinto en el que hay opciones diferentes que conducen a callejones sin salida; por lo tanto, es del tipo profano.

En cambio, el laberinto de la Sagrada Familia es unicursal, del tipo que había sido común en la entrada de grandes templos y catedrales. Y, como estos, actúa como símbolo de la vida, con un inicio que es el nacimiento y una única salida posible, que es la muerte. Solamente aquel que lo mire desde fuera puede prever el recorrido, en una visión superior que recuerda al punto de vista de Dios, pero el que lo vive y lo recorre desde dentro no sabe nunca qué vueltas irá dando. Por ello, el laberinto simboliza también el retorno cíclico de la vida y de la historia. Subirachs, de hecho, lo incorpora en el conjunto escultórico de la fachada de la Pasión para simbolizar el camino cruento que tuvo que recorrer Jesús desde su condena hasta la crucifixión.

Por otro lado, en la época medieval, el cielo y el infierno estaban concebidos con una estructura de círculos concéntricos, como explica Dante en la Divina Comedia, y de aquí proviene el dibujo que delinea el primer tipo de laberinto, que generalmente es cuadrado o circular. En la Sagrada Familia, Subirachs opta por una forma cuadrada que, no obstante, queda deformada hacia al rectángulo por el efecto de la perspectiva, y que, con la escalera de acceso que Subirachs le añade, de subida y gradualmente más recta y estrecha, refuerza la idea simbólica de la penitencia para llegar a Dios.

 

 

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