La Virgen María, la otra protagonista de la Sagrada Familia

El próximo día 8 se celebra la fiesta de la Inmaculada Concepción, la cual nos recuerda que estamos en el Adviento desde el domingo de Cristo Rey, cuando se celebró el final del año litúrgico para iniciar uno nuevo. Con el Adviento se comienza a preparar de nuevo la llegada del Mesías en Navidad, encendiendo un cirio cada uno de los cuatro domingos anteriores al 25 de diciembre hasta completar la corona de luz del Adviento. Esta luz, creciente desde la oscuridad penitente, tiene un punto de especial alegría en la mitad de este proceso, cuando celebramos la milagrosa concepción de María.

Gaudí, que era miembro de la Lliga Espiritual de la Mare de Déu de Montserrat y devoto de la Virgen María, no dejó pasar la oportunidad de hacerle todos los honores en el proyecto del templo, y le dedicó el segundo cimborrio más importante. No obstante, este no es el único elemento de la Basílica que hace referencia a María, sino que, en realidad, lo es todo el ábside y su forma circular, que envuelve, como un útero materno, el altar sagrado de Jesucristo.

Cuando Gaudí estaba construyendo la cripta, el proyecto se encontraba aún en una fase muy temprana, (es decir, muy neogótica) y en ella tenía mucho peso la entidad promotora de las obras, la Asociación Espiritual de Devotos de San José, interesada especialmente en ensalzar la figura del padre de la Familia Sagrada, lo que provocó que se dedicase al Santo Patriarca la capilla central de la cripta, inaugurada el Día de San José de 1885. La capilla de la Inmaculada queda a la derecha y, junto con la capilla de la izquierda, dedicada al Sagrado Corazón de Jesús, completa la Sagrada Familia con sus tres miembros. Las cuatro capillas restantes están dedicadas a los protagonistas emblemáticos de la familia de Jesús, entendida de manera más extensa: primero, los padres de María, Joaquín y Ana (sus capillas están ubicadas a la derecha e izquierda de las tres centrales, respectivamente), y, después, el primo de Jesús, san Juan Bautista, en el extremo izquierdo, y sus padres, Isabel y Zacarías, en el extremo derecho.

Cuando se acababa la cripta del templo, hacia 1891, Gaudí ya estaba dando un protagonismo importante a la Virgen María. Eso se hace evidente en la representación de la Anunciación en la piedra que hace de clave de bóveda del espacio. Esta piedra, que cierra la bóveda gótica central de toda la cripta, muestra esculpidas las figuras de María, el arcángel Gabriel y la paloma del Espíritu Santo; destacan las partes doradas, como si fueran rayos que emanan de la paloma y cubren a María, las estrellas de los vestidos, el cetro, y una cinta que reza, en latín, las primeras palabras que el arcángel le anuncia: «Ave Maria, gratia plena, dominus tecum».

 

EL ÁBSIDE, EL ADVIENTO Y LA VIRGEN MARÍA, LOS TRES INTERRELACIONADOS

A partir de aquí, la importancia de la dedicación del ábside a la Virgen María coge fuerza y pronto se va viendo cómo lo relaciona Gaudí con el Adviento. Así, cuando vincula las columnas del templo con los domingos del año, comienza la distribución por el ábside, donde coloca los primeros domingos del año litúrgico, que son justamente los domingos del Adviento. Además, relaciona los siete días del Adviento previos a la Navidad con las siete capillas del ábside y prevé para las agujas que las coronan una simbología que claramente las enlaza con los textos que se rezan en las tardes de aquella última semana. Son las conocidas como antífonas de la O, ya que cada una de ellas comienza con una admiración: «Oh! Sapientia, Oh! Adonaí, Oh! Radix Jessé…».

Todos estos elementos decorativos y simbólicos aún están pendientes de realización, pero, en un futuro, se verán desde el exterior y se podrán leer al rodear el ábside; no obstante, actualmente el visitante ya puede ver esta simbología desde el interior, ya que el artista vidriero Joan Vila-Grau colocó los textos esenciales en los rosetones centrales de cada una de las capillas.

La relación del ábside con María llega a tener tanta fuerza que es la forma arquitectónica propia del ábside la que simboliza a María: redondeada, es como un vientre que guarda en el interior, en sus entrañas, el altar que representa a Jesús, el cual queda cubierto por el baldaquino de siete lados que simboliza el Espíritu Santo.

Sin embargo, en la Sagrada Familia, Gaudí exalta esta relación cuando corona todas las agujas y barandillas superiores del ábside con un jardín vegetal de plantas, hiedras y flores, símbolos de la virginidad inmaculada. Además, esta relación entre el ábside y María se potencia de manera mayúscula con el lucero del alba que proyecta para coronar la torre de la Virgen María, el que sigue aún encendido en el alba cuando el resto de estrellas ya se han desvanecido. Este símbolo de María y guía de navegantes, la Stella matutina, es la estrella que, justo antes de la salida del gran astro, el sol, anuncia el nacimiento del día, y representa también el Adviento, que anuncia la llegada inminente de Jesús, el próximo Día de Navidad.

Con todo lo anterior, hemos podido ver cómo Gaudí, con la evolución del proyecto, pero ya desde bien pronto, le da a la Virgen María un protagonismo con todos los elementos.

 

Comentarios

    1. Hola Juan Fco,
      será la estrella matutina la que coronará la torre. Emitirá luz y se construirá con materiales translúcidos, es decir, con una estructura de acero y vidrio.
      Saludos!

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