Descubrimos la Sagrada Familia: la Sala Crucero

Cuando aún no existían los productos impermeabilizantes derivados de la industria del plástico y del petróleo, como las telas asfálticas o las siliconas, en el mundo de la construcción se resolvía este tema dando a las cubiertas dos características fundamentales: la primera, una forma geométrica con pendientes pronunciadas, que se utilizaban aunque se tratase de una azotea transitable, para que el agua de lluvia fluyese rápidamente hacia los imbornales sin estancarse, y la segunda, la generación de unos espacios ventilados bajo la azotea: las buhardillas. Esta estrategia era muy habitual en las cubiertas de las casas antiguas del Eixample de Barcelona, construidas con varias capas de baldosa cerámica y, por lo tanto, permeable. En ellas, cuando se mojaba la azotea, si se producía alguna filtración hacia la buhardilla, el agua se podía secar o evaporar gracias a la ventilación facilitada a través de unos pequeños agujeros ornamentales dispuestos en la parte alta de la fachada.

Gaudí también siguió este sistema en algunas de sus construcciones. Son bien conocidas las buhardillas de la Pedrera, de la Casa Batlló o de la Torre Bellesguard. En el caso de la Sagrada Familia, Gaudí también lo hizo así. Por un lado, a la cara más externa de la cubierta le dio una pendiente realmente pronunciada, apta únicamente para escaladores. Por el otro, dispuso una múltiple cubierta de piedra, con varios niveles superpuestos de buhardillas. En el caso de la nave central llega a haber tres. Convirtió estas buhardillas transitables en espacios aptos para el paso del personal de mantenimiento, con el objetivo de registrar y realizar el seguimiento de las instalaciones de electricidad, iluminación y climatización ubicadas en estos lugares.

Gaudí previó que la luz entraría en el templo también por las buhardillas, por lo que agujereó las bóvedas con una sucesión de hiperboloides. De este modo, la forma de doble embudo característica de estos elementos geométricos hace que en las buhardillas aparezcan una especie de ollas abiertas que captan la luz que entra en estos espacios y la redirigen hacia el templo atravesando las bóvedas.

 
 

EL RESULTADO DE LA INVESTIGACIÓN LUMÍNICA Y ESTRUCTURAL

De todas las buhardillas que hay en el templo, la más especial es la que hay sobre el crucero, es decir, sobre el punto central de la Basílica en el que se cruzan la nave principal y la del transepto. De hecho, de aquí proviene su nombre: la Sala Crucero. Se sitúa sobre la bóveda de 60 metros de altura, y justo debajo de la torre de Jesucristo, y adopta la singular forma del hiperboloide más amplio de todo el templo. La forma de una gran olla se refleja en una gran grada circular que rodea el agujero central, desde donde, mirando en vertical, se vería el monograma de la Sagrada Familia que se encuentra en el escudo central del pavimento del crucero. Esta grada circular configura una arquitectura que podría recordar a la sala capitular de un monasterio, pero la realidad es que Gaudí no tuvo ninguna pretensión de que se convirtiese en un espacio de reunión. Sin embargo, se trata de un espacio con un gran valor, inimaginable para el visitante, y una muestra más de la riqueza arquitectónica de Gaudí.
Sagrada Família 2026
En esta sala podemos ver cómo la rama central de cada una de las cuatro columnas que definen el cuadrado de 15 x 15 metros del crucero se acerca hacia el centro de la bóveda para sustentar el núcleo central de la torre de Jesucristo, que nace justo encima. También vemos cómo las ramas posteriores de esos mismos árboles se ramifican aquí y forman un perímetro de columnas inclinadas que quedan unidas por arriba y por debajo de manera alternada. Esta disposición e inclinación de las columnas que, de dos en dos, forman triángulos alternados con la punta hacia arriba o hacia abajo, es una manera muy hábil de construir el tambor que aporta la rigidez estructural necesaria a la base de la torre, al sostener el peso de la pared exterior de esta cúpula estirada que supone el cimborrio central.

Las bóvedas cerámicas se sitúan a unos 15 metros de altura sobre el punto central de la Sala Crucero. Están hechas con una corona de doce ojos o hiperboloides, y están decoradas con trencadís de vidrio veneciano de colores rojizos para recordar el rojo propio de la simbología del martirio de Jesús. Sobre los óculos se encuentra la sala técnica de instalaciones que dan servicio a la sala y también a toda la torre.

En estos momentos, a la Sala Crucero aún le faltan algunos detalles para darla por acabada, como unas lámparas en forma de disco que acabarán de decorar los óculos; también falta completar las barandas y los accesos que harán que el visitante pueda llegar a ella y conocerla, ya que hasta ahora solamente han accedido algunos periodistas acreditados con motivo de ruedas de prensa convocadas en este espacio. Sin embargo, aunque esté inacabada, hemos querido mostrarla al público general a través de esta fotografía 360º con la que todo el mundo puede acceder a esta pequeña joya, aunque sea de manera virtual, y descubrir otro de los «tesoros escondidos» del templo.

 
 

Comentarios

  1. Quedaría muy interesante si en vez de destinar la sala crucero a vídeos y conferencias se decorara, por ejemplo poniendo un relieve metálico circular del mapa del mundo en el centro del suelo y esculturas de los doce apóstoles sentados en las gradas mirando al mundo.

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