La piedra de Montjuïc: de la extracción al reciclaje

La montaña de Montjuïc da un perfil singular a la ciudad de Barcelona. Los romanos la llamaron Montem lovis (monte de Júpiter), pero el uso como cementerio de los judíos durante muchos siglos también podría haber sido el origen del nombre. Su piedra se ha utilizado para la construcción desde la época de los íberos y tuvo mucho esplendor durante la época romana, de la que podemos destacar los capiteles del templo de Augusto, situado en el monte Táber, o las murallas romanas de la ciudad.

 

UNA EXPLOTACIÓN ANCESTRAL DE LA MONTAÑA

La roca que se extraía de la montaña, cada vez más valorada, fue exportada por todo el corredor mediterráneo peninsular, y eran especialmente conocidas las muelas del molino que se extraían de donde se encuentra actualmente el Teatro Griego. Se calcula que ha llegado a haber 28 canteras en diferentes puntos de la montaña, cuyos frentes siguen siendo claramente visibles actualmente.

La explotación de esta piedra se ha mantenido a lo largo del tiempo hasta el siglo XX, y se ha utilizado siempre para los edificios e infraestructuras de Barcelona. En la ciudad se pueden observar muchos edificios construidos con piedra de Montjuïc. El Palacio de la Generalitat, el Parlamento de Cataluña, el ayuntamiento de Barcelona, la Lonja, la Aduana del Puerto de Barcelona, la Universidad de Barcelona o el castillo de Monjtuïc son algunos ejemplos de construcciones civiles construidas con esta piedra. Entre las edificaciones religiosas, destacan, por ejemplo, la iglesia de Sant Pau del Camp, la basílica dels Sants Just i Pastor, la iglesia de Santa Maria del Pi, la de Santa María del Mar, la catedral… y la Sagrada Familia.

La piedra de Montjuïc es una roca que se caracteriza por su cemento de componente silícico, que le otorga una fuerte consistencia, superior a muchas otras rocas sedimentarias. Sin embargo, una de las características de la piedra de Montjuïc más valoradas por los arquitectos del templo es su variabilidad cromática. La gama de colores puede oscilar desde el gris claro, el gris verdoso, el beige, el amarillo, el ocre o el dorado hasta los morados y los rojizos.

 

Y COMIENZAN A ESCASEAR LAS EXISTENCIAS

Al inicio de las obras de la Sagrada Familia, en 1882, se usó la piedra de Montjuïc para iniciar la cripta. Cuando el año siguiente Gaudí asume la dirección, pide que el edificio se siga construyendo con la piedra de la ciudad, con la que se comenzó a construir el ábside y la fachada del Nacimiento.

Sin embargo, en torno al año 1954, cuando se inicia el proyecto de la fachada de la Pasión, la escasez de la piedra de Montjuïc comienza a hacerse patente, sobre todo cuando a partir del año 1957 se detuvo de forma repentina y definitiva la explotación de las canteras. Desde ese momento, la utilización de esta roca quedó limitada a las existencias que se almacenaban en los alrededores de las antiguas explotaciones y también de los constantes desprendimientos. De este modo, para disponer de la piedra necesaria para alzar esta fachada, se solicitó al Ayuntamiento la adquisición de 36.000 m3 de esta piedra.

La siguiente gran adquisición de piedra de Montjuïc fue en el año 1988, cuando el Ayuntamiento de Barcelona cedió a la Sagrada Familia unos 1.000 m3 de piedra de muy buena calidad que procedía de la remodelación del antiguo Estadio Olímpico, donde se excavó para reducir la vuelta atlética de los 500 a los 400 m de perímetro, ganando cabida y grada.

TREINTA AÑOS REAPROVECHANDO LA PIEDRA

El ladrillo cerámico, mucho más económico que la piedra, fue desbancando el uso de la piedra, pero el constructor tradicional siguió prefiriendo durante muchos años hacer los zócalos y las primeras hiladas de los edificios importantes con la piedra de la ciudad. Este hecho es lo que ha permitido, años más tarde, en el momento del derribo de estos edificios, que desde la Sagrada Familia se plantee el reciclaje de su piedra. Un ejemplo del reciclaje de esta piedra es el aprovechamiento de los zócalos de los antiguos edificios militares en la calle de Wellington, cuando se derribaron para construir la Universidad Pompeu Fabra. También se ha reciclado piedra del edificio de Miramar de Montjuïc, de las obras de la zona del Sot del Migdia, cerca del Anillo Olímpico, y de los jardines y entornos del Jardín Botánico de Barcelona. Otro ejemplo de reciclaje de piedra se produjo cuando se abrió la nueva bocana del Puerto Viejo de la ciudad, ya que sus espigones también estaban construidos con esta estimada piedra.

El frente de la montaña que queda más cerca del mar, la zona del Morrot, también ha facilitado piedra al templo, pese a que, en este caso, se trata de las variedades de tonos más rojizos y morados, que a menudo destacan excesivamente y que conviene dosificar con cautela.

Procedente de ubicaciones diversas, desde el año 1988 la Sagrada Familia ha ido adquiriendo piedra del Montjuïc para reutilizarla. Prácticamente cada año se ha dispuesto de nuevo material, pero cada vez se ha ido reduciendo más el volumen de la piedra debido al agotamiento de las existencias. Por ello, la poca piedra de la que aún se dispone se reserva para obras de mayor compromiso, como las de restauración de la obra antigua.

Así pues, esta montaña, que durante más de dos milenios ha sido explotada de forma intensiva, se ha convertido en un pulmón para la ciudad y una zona recreativa, con equipamientos culturales, deportivos y para disfrutar de la naturaleza.

La Sagrada Familia tiene el privilegio de ser probablemente el último edificio que se está construyendo con la piedra de la ciudad. Ahora ya se puede afirmar que no se ha descubierto, en todo el mundo, ninguna que tenga características idénticas a la piedra del Montjuïc.

 

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