El huerto: un año de vida en la fachada de la Pasión

La fachada de la Pasión está a punto de ser finalizada: el pasado mes de diciembre se colocaron el león y el cordero, el conjunto escultórico que representa la resurrección está previsto que se instale en su emplazamiento durante el mes de abril y la cruz y los ángeles que culminarán el frontón lo harán este verano. Pero en este artículo nos hemos querido centrar en un espacio de esta fachada situado detrás del gran porche superior en forma de frontón triangular, y que en el mes de abril hará un año que se finalizó. Se trata de un espacio bastante amplio que queda hundido, cerrado por el frontón y el ventanal, y entre las dos torres centrales de la fachada, el cual, a pesar de no ser visible desde la calle, cobra gran importancia debido a la simbología que se le otorga: el jardín o huerto en el que se encontraba la sepultura de Jesús.

Los evangelios describen que José de Arimatea, miembro del consejo de sabios que administraba la justicia en Israel que habría discrepado con la decisión de crucificar a Jesús, pidió a Poncio Pilato la autorización para bajar de la cruz el cuerpo sin vida de Jesús. Pilato accedió. Muy cerca de la montaña del Gólgota, en la que había sido crucificado, había un huerto y, dentro, un sepulcro nuevo que José se había mandado tallar en la roca. Allí depositaron a Jesús y posteriormente taparon la entrada haciendo rodar una gran piedra.

 

SOBRE EL ORIGEN DE LOS TÉRMINOS «HUERTO» Y «JARDÍN»

Hoy en día vemos una diferencia muy clara entre estas palabras, pero la etimología nos muestra unas conexiones interesantes que ayudan a saber qué clase de escenario es más fiel a los textos evangélicos que nos describen el entierro de Jesús.

La necesidad humana de cultivar plantas ornamentales y flores en un jardín, tal y como la entendemos actualmente, es muy posterior a la necesidad de cultivar hortalizas. Por lo tanto, en un inicio, un huerto era una parcela cerrada en la que el ser humano cuidaba algunas especies vegetales útiles para él, y el jardín no existía. La palabra «jardín» aparece hacia el s. XV, y se genera como un diminutivo del término francés jard, que significaba «huerto». A su vez, el término francés se había extraído del germánico gard, que significaba «cercado», «cerrado». El inglés ha evolucionado hacia «garden», pero también dispone del término yard, que quiere decir «patio», con una clara proximidad fonética y semántica. Por lo tanto, en español, el origen de la palabra «jardín» es el huerto: un espacio que el ser humano cerca para él, un espacio de propiedad. El término «paraíso» también tiene que ver con esta especie de huerto, ya que la palabra griega de la cual proviene, peri-teicos, significa «muro», «muralla» o «cerca perimetral» que rodea un lugar cerrado.

De esta manera, cuando las Sagradas Escrituras hablan de «huerto» no se refieren a un huerto tal y como nos lo imaginamos hoy en día, con las tomateras y judías, sino como un espacio privado, cerrado mediante una cerca, en el que podría haber árboles frutales, como oliveras, etc., y en el que, además, quizás podía crecer, de un modo más o menos silvestre, alguna planta agradable o comestible. Desde el punto de vista de su propietario, este espacio podría ser un espacio particular o incluso paradisíaco, desde una perspectiva doméstica.

 

 

Y SOBRE LA CANTERA Y LOS SEPULCROS EXCAVADOS EN LA ROCA

Los textos evangélicos nos hablan de este sepulcro excavado en la roca. ¿Como debía ser en tiempos de Jesús? Las excavaciones arqueológicas de la segunda mitad del s. XX descubrieron que en la zona había habido una cantera de la cual se extraía piedra meleke, que desde el s. VIII a. C. hasta el s. I a. C. se utilizó en Jerusalén para construir la ciudad. Después, al abandonar este uso extractivo de la piedra, se aprovecharon los cortes existentes en la roca y la manera de trabajarla para completar sepulcros de uso familiar. Esto era una necesidad, ya que la religión judía prohibía el entierro dentro del recinto amurallado de la ciudad. Es lógico pensar que la naturaleza comenzó a colonizar las rendijas entre los cortes y los bloques que se hubiesen quedado con el trabajo a medio hacer.

Este lugar, hoy en día dentro de la ciudad, pero fuera de la muralla en tiempos de Jesús, estaba muy cerca de uno de los caminos principales de acceso a la ciudad y, por lo tanto, parece muy razonable que fuese el lugar escogido para exponer las ejecuciones y escarmentar a los simpatizantes de los condenados. Por lo tanto, la presencia de una cantera con una pared de roca repleta de agujeros fruto de la función extractiva o de la excavación de tumbas, y justo debajo de una colina en la que podrían haberse situado las tres cruces, hace pensar que el nombre del Gólgota, que significa «calavera», se le otorgue por el parecido físico de la colina con un cráneo humano.

De este modo, el aspecto que se supone que habría tenido el lugar en el que se enterró a Jesús es el escenario que se ha querido reproducir en este punto tan especial de la fachada de la Pasión. Es el aspecto de una cantera abandonada, en la que se ven los cortes que ha sufrido la piedra, como si fuesen el negativo de las últimas extracciones de bloques, los cuales debían tener la forma de sillares de grandes dimensiones, como cajas grandes.

 

 

LA VEGETACIÓN ESPONTÁNEA EN LA UMBRÍA MEDITERRÁNEA

El huerto y la cantera permanecen en diálogo constante entre piedra y vegetación. Con la vegetación que poco a poco cubre la roca pura se ve cómo la vida, vegetal, se impone sobre lo yermo. La aparición de la vegetación colonizadora, más natural o salvaje, ocupa todos los espacios posibles entre las piedras. Las zonas de menos pendiente, las más húmedas, se han llenado de fresas, violetas, galanto y mirto que, desde abril del año pasado, conquistan rápidamente el espacio del que disponen.

Las rendijas entre los bloques suponen el lugar en el que resulta más sencillo disponer la poca tierra necesaria para que enraícen las primeras enredaderas, antes de que se dispongan a invadir las caras verticales de la piedra. A medida que la pendiente va en aumento, las especies son más escasas y la vegetación va desapareciendo; hasta la zona más vertical, donde los helechos recubren algunas grietas entre los dados de piedra.

La vegetación escogida es la propia del Mediterráneo, específicamente de las zonas de umbría donde el sol no incide en absoluto o casi nada, como es el caso de este lugar. Se trata de una vegetación que requiere una cantidad de agua limitada para minimizar cualquier riesgo de que aparezcan humedades en este espacio, a pesar de que se han tenido en cuenta todas las precauciones posibles para impermeabilizarlo. De todas maneras, por debajo de la parte visible hay una instalación sofisticada de recogida de agua de lluvia que permite almacenarla en un dispositivo próximo, purificarla y reutilizarla con un sistema de riego de goteo adaptable a la estación del año.

Para no perjudicar esta vegetación tan frágil se han dispuesto unas pasarelas metálicas que, al quedar elevadas del suelo unos 20 centímetros, evitan que las plantas puedan morir a causa de las pisadas. Algunas de las especies de plantas crecerán y sobrepasarán esta altura y, por lo tanto, las pasarelas llegarán a ser prácticamente invisibles.

 

EL HUERTO, SÍMBOLO DE VIDA

De alguna manera, esta vegetación representa también la vida después de la muerte, que es lo que, en definitiva, será la fachada de la Pasión cuando se coloquen los dos conjuntos escultóricos pendientes. Y es que este es un espacio muy especial, desde el que se puede disfrutar de una vista singular posterior de la escena del sepulcro vacío. También se verá desde atrás la cruz triunfal que coronará todo el porche de Pasión y, desde abajo, el gran rosetón elíptico de la resurrección. Además, con una perspectiva de contrapicado todavía mayor, se podrá contemplar el Cristo resucitado dorado que se encuentra a la altura del puente entre las torres. Por lo tanto, este espacio está realmente cargado de contenido simbólico.

Estas son las razones por las que se quiere crear en este rincón escondido, a 25 metros del suelo, una atmósfera de introspección y reflexión: un lugar entre la roca dura y la vegetación silvestre aislado del entorno, envuelto en grandes paramentos verticales y muy cerca de los elementos que definen un momento crucial de la fe cristiana. El acceso será restringido y estará reservado para ocasiones especiales; de todos modos, vivirlo y experimentarlo será como trasladarse a un huerto-jardín antiguo, como los de los tiempos de Jesús, en un lugar cerrado, privado; un pequeño paraíso como el que José de Arimatea quizás había domesticado para su bienestar, pero que cedió para tan noble y alta función.

 

 

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