Galera, escenario del making of de la Sagrada Familia

A ochenta kilómetros de Barcelona, hay un pequeño pueblo de poco más de cincuenta habitantes enclavado entre verdes montañas que se tiñen de blanco con la llegada del invierno, y cuya aparente tranquilidad esconde, sin embargo, una actividad incesante y de alcance internacional. Allí, al final de un desvío sin asfaltar que también da acceso a una escuela de equitación, en un terreno con una superficie equivalente a la de once campos de fútbol, se está construyendo el mayor reto arquitectónico de nuestro tiempo: la Sagrada Familia. Lo hace lejos del bullicio de la capital catalana en la que esta se ubica. Lejos de los cientos de personas que la contemplan cada día. Lejos, incluso, del propio templo. Pero lo cierto es que la construcción de la obra magna de Gaudí tiene en Galera, en el municipio de Gaià (Bages), su verdadero epicentro.

Hace ya una década que la Sagrada Familia decidió ubicar los trabajos de construcción fuera de la propia manzana de Barcelona en la que se sitúa el templo desde que la Asociación de Devotos de San José decidiera comprar el solar para construir un edificio destinado al culto. La perspectiva de su consagración, que se había fijado para el 2010, un hito muy importante en la historia de la Basílica, hacía necesario acelerar la obra. Además, el espacio en el templo se revelaba cada vez más insuficiente para desarrollar los trabajos y las maniobras con grandes volúmenes de hormigón. Hay que recordar que en aquel momento se estaba trabajando en el gran hiperboloide de la torre de la Virgen María, con una altura de hasta 75 metros. Los trabajos que todavía quedaban por hacer, entre ellos, la construcción de las torres centrales en la que ahora estamos inmersos, hacían prever que la inversión se amortizaría. Y fue así cómo Galera se convirtió en el escenario del making of de la Sagrada Familia.

Y es que podría decirse que es allí, en realidad, donde el templo va tomando forma. Una parte de la sacristía de poniente, en uso desde diciembre del 2016, se construyó por piezas en Galera, desde el sótano hasta el pináculo; después, estas se trasladaron hasta Barcelona para ser colocadas en su ubicación pertinente. Ahora, se prefabrican allí los paneles con los que las torres centrales se van elevando: hasta Galera llegan las piedras de los talleres industriales que les han dado la forma y el acabado requerido, así como las estructuras de acero inoxidable que, como si del esqueleto humano se tratara, darán robustez al conjunto. Y allí, a una hora en coche desde el templo, entre trinos de pájaros y un verde impensable en la gran ciudad, tiene lugar uno de los innovadores procesos que ha puesto en marcha la Sagrada Familia y que ha contribuido a agilizar su construcción y a fijar en el 2026 su finalización: el tesado de la piedra.

ESCENARIO DE LA INNOVACIÓN

Una de las naves existentes en el solar que la Junta Constructora tiene en Galera acoge la máquina con la que se inyecta la resina entre las barras de acero y la piedra, que ayuda a ensamblar todas las piezas y que se diseñó de forma expresa para la Sagrada Familia. La resina llega a Galera procedente de Italia y en la Sagrada Familia se utiliza para que dos materiales tan diferentes como la piedra y el acero inoxidable puedan trabajar conjuntamente. La innovación de la que se hace gala cuando se habla de la construcción del templo tiene en Galera, pues, nombre y apellidos.

Sin embargo, es el pan nuestro de cada día para los operarios de este centro de trabajo, ya que el hecho de que la actividad se centre ahora en las torres centrales obliga a tesar piedras prácticamente a diario. Este volumen de trabajo, además, aumentará cuando se empiecen a fabricar los paneles de piedra de la torre más alta de la Basílica, la de Jesús. Este incremento en la producción ha obligado, incluso, a ampliar los espacios de trabajo en las naves existentes, ya que las piezas serán entonces más grandes y, por ello, se necesitará un mayor espacio para manejarlas.

El sistema de construcción de las torres centrales basado en la piedra tesada permite acelerar su crecimiento. De este modo, por ejemplo, las torres de los evangelistas pueden subir un nivel, algo más de tres metros, en poco más de seis horas. Es el tiempo que grúa y operarios necesitan para colocar todos los paneles en el propio templo. En Galera, sin embargo, esos paneles habrán necesitado tres semanas de trabajo, un plazo que, en el caso de la torre de la Virgen María, alcanza las cinco semanas. Tras ese tiempo, los paneles llegan a Barcelona, no sin antes haber pasado por las últimas comprobaciones. También llegan al templo después de haber sido colocados en una estructura circular en Galera cuyo diámetro se corresponde con el de la torre que harán crecer. El proceso que se sigue es, de hecho, el mismo que tendrá lugar con posterioridad en la Sagrada Familia, por lo que podría decirse que las torres se construyen en dos ocasiones: la primera, en Galera, para comprobar que columnas, paneles y barras de acero encajan a la perfección —una desviación de dos milímetros en el ensamblaje de las piezas haría saltar las alertas, una situación que hasta la fecha no se ha dado—, y la segunda, ya en el templo.

DESDE LA MADERA AL HIERRO

No obstante, Galera es mucho más que paneles de piedra tesada: es el centro de producción de muchos de los elementos que están conformando la Sagrada Familia, desde los aristones de las columnas, al acero que sirve de estructura de algunas piezas o las plantillas de madera que sirven de mapa para la colocación de las estructuras. Allí se está trabajando ahora en las columnas de las cubiertas de la nave principal, en los puentes que unirán las torres centrales e, incluso, en el pintado de las piezas que coronan los aristones de la torre de la Virgen María y que harán de pararrayos, una tarea que tiene como objetivo mimetizarlas con el resto de piezas de granito azul Bahía del que están hechos estos aristones.

Y todo ello, con la ventaja que supone el hecho de que en Galera, al contrario de lo que sucede en la Sagrada Familia, se trabaje a ras de suelo, y no en altura. De este modo, se aumenta la seguridad de los operarios, pero también se contrarrestan las inclemencias meteorológicas derivadas del principal escollo que, en este sentido, existe para el avance de las obras del templo: el viento. En el templo, de hecho, el viento puede ser una de las razones por las que se suspenda la colocación de paneles en las torres centrales; en Galera, sin embargo, este no impide la continuidad de la producción. Así, de una manera discreta pero continuada, en este enclave alejado del foco de la atención mediática y ciudadana se puede seguir trabajando en la construcción y ensamblaje de los materiales de los que está hecho el sueño de Gaudí.

 

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