La difusión de Gaudí y la Sagrada Familia: los primeros embajadores internacionales

Gaudí ya pronosticó en su momento que «vendría gente de todo el mundo para ver la Sagrada Familia» y que el templo tendría «influencia en el arte». Y realmente ha sido así a lo largo de los más de cien años de actividad en las obras de construcción de la Basílica. Durante todo este tiempo, el templo ha recibido la visita de personas clave en su difusión por todo el mundo, especialmente de su arquitectura. Además, algunos de los que vinieron, muy interesados en el proyecto, fotografiaron planos y maquetas, un material gráfico que se ha incorporado al que han utilizado los arquitectos continuadores del proyecto de Gaudí a la hora de proseguir con el trabajo iniciado. Repasamos algunas de estas figuras que, llegadas de todas partes del mundo, se convirtieron en embajadores internacionales de Gaudí.

 

EL RECONOCIMIENTO EN EL MUNDO OCCIDENTAL…

En mayo de 1952, se celebró en Barcelona el XXXV Congreso Eucarístico Internacional, un acontecimiento que atrajo a 300.000 congresistas y que permitió que la ciudad, y con ella la Sagrada Familia, fuesen el centro de la atención internacional. Así, tan solo dos meses después, la máxima autoridad en historia del arte del mundo anglosajón en ese momento, Nikolaus Pevsner (1902-1983), reconocía en una serie de programas de radio de la BBC que la Sagrada Familia era «una cosa fabulosa, milagrosa, que te impacta», de la que destacaba, entre otros, unos pináculos «hechos con cerámica vidriada con una técnica increíble», en alusión al trencadís. Pevsner, que había omitido la figura de Gaudí en su obra fundamental Pioneers of Modern Design (1936), reconocía veinte años después el gran valor de lo que él mismo llamó «el ilusionismo de Gaudí». Así, cuando en el año 1968 escribe The Sources of Modern Architecture and Design, dedica numerosas páginas a hablar sobre las obras de Gaudí, y a elogiarlas. No fue, en todo caso, el primero en reconocer el trabajo de Gaudí en el ámbito internacional: en 1950, el arquitecto italiano Bruno Zevi, gran teórico de la arquitectura moderna, publicaba su libro Storia dell’architettura moderna con una imagen del banco del Park Güell en la portada. Zevi defendía la arquitectura orgánica de Gaudí en un momento en el que imperaba el racionalismo. Todo eso, además, ocurría en un momento en el que en la ciudad condal se comenzaba a gestar un grupo de artistas e intelectuales encaminados a generar la opinión contraria a la continuación de las obras.

Este ambiente de crítica local, sumado a unos años de posguerra y mucha pobreza, hacía pesado el trabajo diario y el progreso de la obra. Por eso, el reconocimiento que supuso la gran exposición sobre Gaudí del Salón del Tinell en el Palacio Real Mayor de Barcelona y la creación de la Cátedra Gaudí de la Escuela de Arquitectura de Barcelona, en el año 1956, fue decisivos para su continuidad. El reconocido biógrafo de Gaudí, Josep Francesc Ràfols (1889-1965), fue su primer director.

La labor divulgativa que Ràfols llevó a cabo desde este entorno académico rápidamente dio fruto. Solo dos años después, en 1958, el académico norteamericano George R. Collins (1917-1993) visitaba Barcelona para conocer la obra de Gaudí a fondo, y en 1960 publicó Antonio Gaudí, el primer estudio serio en inglés sobre el arquitecto y su obra. Desde la Universidad de Columbia, en Nueva York, donde era catedrático, resultó ser un personaje clave en la recuperación del reconocimiento internacional de Gaudí. Cabe recordar, en este sentido, que una de las técnicas de construcción que Gaudí popularizó, la bóveda catalana, no era desconocida en aquella gran metrópolis en concreto y en aquel país en general, gracias a los trabajos que ya había hecho el arquitecto valenciano Rafael Guastavino, formado en la misma escuela de Barcelona en la que se formó Gaudí y con quien trabajó simultáneamente cerca del Pirineo catalán bajo el mecenazgo de Eusebi Güell, en la Gran Estación Central de Nueva York, el Museo Americano de Historia Natural o la Biblioteca Pública de Boston, por poner tres ejemplos. Esta era, entonces, una buena carta de presentación para hablar de Gaudí al mundo.

Unos años más tarde, Barcelona reconocería a Collins haciéndolo miembro de la Reial Acadèmia Catalana de Belles Arts de Sant Jordi y doctor honoris causa por la Universitat Politècnica de Catalunya. En 1998, se le dedicó una calle que se encuentra muy cerca de los pabellones Güell de Gaudí, en el barrio de Pedralbes.

También podemos citar en este listado de embajadores internacionales de Gaudí a un catalán que contribuyó al conocimiento y reconocimiento del arquitecto de la Sagrada Familia en todo el mundo. Se trata de Josep Lluís Sert (1902-1983), el arquitecto barcelonés a quien desde bien joven había impresionado la obra de Gaudí. Sert se formó en París con Le Corbusier, y tuvo que exiliarse de España en la década de los cuarenta, pero llegó a ser decano de la Universidad de Harvard. Desde esta tarima de gran resonancia, sus escritos y comentarios difundían los valores de la obra de Gaudí cuando en su propia tierra aún no existía un reconocimiento generalizado.

Foto: Arxiu Mas

… Y TAMBIÉN EN EL MUNDO ORIENTAL

Si hasta ahora hemos hablado de la difusión internacional por el mundo occidental, la difusión por el mundo oriental fue tanto o más importante. En ella hubo una figura clave: Kenji Imai (1895-1987). Arquitecto japonés que, tras recibir el título en 1919, viajó a Europa en 1926 para estudiar las estaciones de metro europeas y visitar a algunos de los arquitectos más importantes de la época. Así, trató con Walter Gropius, fundador de la escuela Bauhaus, y con Le Corbusier, pero cuando llegó a Barcelona en septiembre de 1926 para conocer a Gaudí, cuya obra admiraba, descubrió que el maestro había muerto en un accidente el anterior mes de junio. A pesar de ello, visitó el taller del templo y quedó profundamente admirado por el proyecto y la obra de la Sagrada Familia.

Al volver a su país, se convirtió en uno de los mejores estudiosos de Gaudí a nivel internacional y organizó exposiciones divulgativas de la obra y de su espíritu, que lo conmovieron hasta el punto de que, en 1984, se convirtió al catolicismo y fue bautizado. Llegó a ser catedrático de su universidad y también presidente de la asociación Amigos de Gaudí en Japón. Entre su obra destacan la iglesia de Sant Felip de Jesús en Nagasaki, dentro de un conjunto arquitectónico en memoria de los 26 mártires jesuitas y franciscanos que fueron crucificados en la colina de la bahía de esta ciudad japonesa. Esta iglesia, reconocida desde 1962 con el Premio Nacional de Arquitectura de Japón, tiene dos altos campanarios que se alzan en el cielo como unos brazos con los dedos de las manos extendidos y en los que las formas orgánicas y el trencadís de color muestran, claramente, la influencia gaudiana recibida.

 

 

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