Las cinco razones por las que la Sagrada Familia es una visita ineludible

Es bien conocida la frase con la que Gaudí pronosticó el interés internacional que despierta la Sagrada Familia: «Vendrá gente de todo el mundo a ver lo que estamos haciendo». Más de un siglo después, los datos así lo confirman: en los últimos años, más de cuatro millones de personas visitan el templo cada año (y unos veinte millones se acercan para contemplarla desde el exterior) y, tal y como dijo el arquitecto, vienen de todas partes del mundo. Estos datos han posicionado a la Sagrada Familia como el monumento más visitado de España durante el 2019, según el listado elaborado por la plataforma de viajes Tripadvisor, y el sexto de todo el mundo, ranking encabezado por el Coliseo de Roma, el Museo del Louvre (París) y los Museos Vaticanos.

Los motivos para visitar la Basílica y conocer todos los detalles de su construcción, así como la evolución de las obras, ya en la recta final, pueden ser tan variados como las personas que quieren conocerla. No obstante, hay razones comunes que se han mantenido invariables a lo largo del tiempo y que son las que han hecho de este templo una visita ineludible. Aprovechando que, tras el cierre obligado por la pandemia de la COVID-19, la Sagrada Familia vuelve a abrir sus puertas al público (aunque con restricciones por motivos de seguridad), repasamos los cinco motivos principales que hacen de la Basílica una parada obligatoria.

 

  1. Es un icono de la arquitectura. La Sagrada Familia es la muestra de arquitectura más contundente a la hora de representar un momento muy concreto y convulso: el cambio del siglo XIX al XX, cuando, de repente, todo cambió en el mundo occidental y en Barcelona. Llegaron la industrialización y los inventos modernos, nació la clase obrera y aparecieron los conflictos, que desencadenaron transformaciones sociales. En este contexto, Gaudí crea una arquitectura expresiva fruto de aquellos momentos y que se proyecta decididamente hacia el futuro. Nace el modernismo, pero va más allá de este movimiento y de las cuestiones formales u ornamentales vinculadas a él. Por eso, el reconocimiento de este icono, tímido al principio, fue en aumento desde la década de los cincuenta del siglo pasado, extendiéndose por todo el mundo hasta que, a día de hoy, la Basílica está consolidada como un modelo ejemplar de la arquitectura en mayúsculas, de cómo las diferentes ramas técnicas, artísticas y de cálculo que la conforman se ponen al servicio del uso y el propósito del edificio que, en este caso, es la difusión del mensaje cristiano.

 

  1. Es la única gran catedral del mundo que todavía está en construcción. El tiempo de construcción de las catedrales ha acostumbrado a ser largo, y, en algunos casos, realmente muy largo: la catedral de Colonia (Alemania) tardó 632 años en estar acabada; la catedral de Milán, 577 años, y la Abadía de Westminster (Londres), tardó exactamente 500 años en construirse. También hay otros tres edificios no religiosos que han tardado bastante en construirse, como la Alhambra de Granada, que se calcula que tardó 600 años, o el monumento megalítico Stonehenge (Inglaterra), que se cree que podría haber tardado 1.600 años. En cualquier caso, el tiempo de las catedrales se inició en el siglo XII y, como una fiebre constructora, fue el motor que impulsó el crecimiento de las ciudades medievales durante unos tres siglos. El fenómeno, no obstante, se prolongó en el tiempo, y muchas otras ciudades se añadieron más tarde a esta oleada. Se sucedieron los estilos, desde el románico hasta el neogótico, y podríamos decir que, a lo sumo, el tiempo de las catedrales llegó hasta el siglo XIX, pese a la existencia de algún caso aislado en alguna ciudad que no vio la suya terminada hasta el siglo XX, como Barcelona. Es por eso que la Sagrada Familia, iniciada a finales del siglo XIX, es decir, hacia el final de esta etapa, y continuada durante todo el siglo XX, es sin duda un caso excepcional. Cada catedral tiene su historia y sus motivos para provocar el alargamiento de las obras, generalmente la escasez de fondos o donativos, pero en el caso de nuestro templo podemos decir que, pese a seguir diferentes ritmos, las obras siempre han tenido continuidad. Tan solo se cerraron en el período de 1936-1939, es decir, durante la guerra civil española, y ahora también, por segunda vez en más de un siglo, a causa de la pandemia de la COVID-19.
  1. Es la obra magna de un genio. A pesar de que cuando Gaudí murió todo el mundo salió a la calle a despedirlo, su obra tenía poco reconocimiento desde el punto de vista del arte y la arquitectura en aquel momento. Han tenido que pasar años para que recibiese el trato que realmente se merecía. Su obra se ha declarado íntegramente Patrimonio de la Humanidad por la Unesco: el listado comenzó en 1994, y en el 2005 se incluyeron la fachada del Nacimiento y la cripta de la Sagrada Familia. Y es que Gaudí había integrado en esta obra todas las artes que forman parte de la arquitectura, desde la mecánica estructural hasta el más pequeño detalle, ya fuera funcional o simbólico. Además, la Sagrada Familia, al ser la obra que más tiempo le ocupó a su autor (prácticamente la totalidad de su vida profesional como arquitecto), aglutina muchas de las genialidades que Gaudí ya había ido descubriendo en otros proyectos.

 

  1. Es una obra en la que la tradición y la innovación se combinan a la perfección. Esta dualidad es así desde la época de Gaudí y es la que explica, por ejemplo, que las torres centrales del templo, todo un reto constructivo, puedan estar finalizadas en menos de cinco años de trabajo, pero que la piedra que se utiliza para hacerlas tenga el toque artesanal y centenario de los picapedreros. La vertiente tecnológica de la Sagrada Familia incluye la utilización de elementos como el acero dúplex, un acero inoxidable que tiene más resistencia mecánica o a la corrosión, o técnicas como la del corte mecánico de la piedra, pero va más allá de la obra e incluye también la seguridad y la gestión simultánea de la obra y el turismo. Todo eso convive al mismo tiempo con un trabajo de artesanos difícil de ver en otro lugar que no sea este. En algunos casos, de hecho, son los últimos artesanos que quedan de técnicas que esperamos que tengan continuidad al finalizar las obras: desde el ya mencionado trabajo artesanal de dar textura la piedra o el trencadís de colores, hasta el trabajo con la forja al fuego vivo, pasando por las vidrieras emplomadas al estilo de las catedrales góticas.

 

  1. Un espacio interior lleno de espiritualidad. Hasta el año 2010, la Sagrada Familia atraía a los visitantes por sus exuberantes fachadas. La arquitectura hecha escultura hablaba a los observadores, y de boca en boca pasaba el mensaje de que era hecha con piedras llenas de vida y contenido. No obstante, en el 2010, se celebró la ceremonia de dedicación del templo como Basílica y, desde ese momento, este abrió su interior a los feligreses, peregrinos y visitantes, que se encuentran con un espacio del que pocos salen sin quedar conmocionados. El bosque de columnas de troncos y ramas inclinadas que sostienen unas bóvedas perforadas para dejar pasar la luz como lo hace el follaje de los árboles de un bosque real, su gran altura, sus proporciones, y el magnífico juego de luces cambiantes que proporcionan las vidrieras de colores, definen algo más que una construcción única: definen un espacio lleno de espiritualidad que realmente embelesa y cautiva a cualquier visitante.

Comentarios

    1. Hola,
      las entradas de julio y agosto se han agotado las pocas horas de ponerlas a disposición de los vecinos y vecinas. El próximo 3 de agosto, se pondrán a disposición las entradas para el mes de Septiembre.
      Saludos.

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